Vandalismo: un problema de… ¿todos?

José María Sánchez Cañabate  · Almería

 270114

Se cuenta hoy, en la prensa de Almería, que el vandalismo es uno de los principales gastos que los ayuntamientos, sobre todo, tienen en España. En el caso de Almería, que nos ocupa, el Ayuntamiento ha gastado, el pasado año 2013, 153.000 euros en arreglar lo que algunos señores y/o señoras han considerado que había que destrozar, pintarrajear, romper, dañar, perjudicar, robar o hacer añicos, entre otros tipos de desperfecto.

Por ejemplo, en ese 2013, algunos almerienses se entretuvieron en quemar 138 contenedores que, a un precio de 1.000 euros por unidad, los ciudadanos nos hemos gastado 138.000 euros en reponer este elemento del mobiliario urbano. ¿Se imagina usted lo que se podría haber hecho con esos 138.000 euros? A nosotros, en Almería Al Día, se nos ocurren algunas cosas.

Con las fuentes, la sangría no es de ese calibre, pero tampoco es manca. De hecho, también hay almerienses especialmente centrados en hacerle daño a las fuentes de la ciudad, a razón de 5.000 euros al año en reparación de roturas y robos. Se ve que hay a quien le molesta que de las fuentes fluya agua; quizás si fluyera vino del país les gustaría más.

Y luego está el gasto en pintar lo que otros señores estropean con sus firmas, sus frases absurdas y llenas de faltas de ortografía y sus garabatos con aspiración de pintura. Se trata de algo muy diferente a un arte, arte urbano, que es el grafiti, pero que nada tiene que ver con que un señor se acuerde de su suegra en una pared recién encalada o en una flamante estatua recién colocada en un lugar público.

El caso es que el problema va a más, entre otras cosas porque cada día hay más cafre suelto, porque la educación en este país es, probablemente, la gran asignatura pendiente; porque la vigilancia no es suficiente porque nunca habrá tanto policía como cafre en la calle; y, lo que para nosotros es la clave, porque el vandalismo empieza a estar aceptado ya como un elemento más del paisaje, algo normal.

No tenemos nosotros, obviamente, la solución, aunque quizás ésta venga por una combinación de todo esto, es decir, con más educación que no sabemos si algún día nos llegará, más vigilancia y, sobre todo, que los ciudadanos entendamos que ese dinero que se gasta no es de los políticos ni de las instituciones, sino de todos nosotros. Posiblemente, si esto fuera así, ello nos llevaría a que cuando alguien vea a un conciudadano escribiendo su firma sobre una pared recién pintada, rompiendo una farola, quemando un contenedor o pegándole pellizcos a la oreja de una estatua, le llamara la atención o sencillamente hiciera una llamada urgente a la policía.

Desafortunadamente, en esto también estamos lejos del ideal y no parecen cambiar las cosas.

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