Tres desahucios al día

José María Sánchez Cañabate  · Almería

 190116

En la jornada de ayer, nos topábamos en prensa con unos datos que, como mínimo, nos mueven y nos deben mover a la reflexión. En un informe publicado por el Defensor del Pueblo Andaluz, se habla de que durante el año 2015, en Almería se han producido más de 10.000 ejecuciones hipotecarias, lo cual supone una cifra superior a las de los año 2012 y 2013.

La media de este año 2015, fatídico en este aspecto, es de tres desahucios al día, superando también a las de años anteriores, un tercio de los cuales se correspondía a casos de alquileres a cuyos costes los inquilinos no habían hecho frente.

Las cifras son tremendas, puesto que detrás de ellas no hay sino historias humanas, familias que no tienen más posibilidad que dejarse llevar por el viento y esperar a que la sociedad los despoje de lo poco que les queda, de un techo con el que refugiar a sus hijos.

Indudablemente, detrás de estas cifras, también hay historias de picaresca, porque la España del Siglo de Oro sigue viva en nuestros corazones, pero también hay mucho de dramas humanos a los que el Estado no ha sabido dar respuesta a pesar de estar en estado avanzado el tan cacareado siglo XXI.

La historia de los desahucios es la historia de un fracaso; de un fracaso de todos. Porque en una ejecución de este tipo no hay verdugos y sí victimas en todos los bandos. Víctimas porque, detrás de un desahucio, lo que hay es también una familia que un buen día invirtió sus ahorros en un piso para poder rentar, o una empresa que se ha dedicado a invertir en propiedades para poder hacer negocio con ellos o, qué se sabe, incluso un banco que en su día prestó dinero a una familia para que ésta pudiera construir su futuro.

Y al cabo del tiempo, una sociedad que no funciona en este ámbito, no ha sido capaz de dar a estas familias los instrumentos necesarios para hacer frente a sus obligaciones con quien les había albergado en sus viviendas.

Es trágica e indignante la historia de quienes se ven desalojadas de las viviendas que les dan cobijo sin una alternativa a donde ir; pero también es demagógico a más no poder ese movimiento que se limita al populismo del ‘stop desahucios’, amparando a esas pobres familias que no tienen a dónde ir, pero castigando sin saber por qué a quienes un buen día les dieron techo a cambio de un contrato que los primeros no han podido cumplir.

La solución del ‘stop desahucios’ es la solución fácil, el remedio de quien poca inteligencia tiene que poner al tema, la del cirujano que corta por lo sano. Y es, al mismo tiempo, una solución que abre un camino que aboca directamente al desastre, que instituye la inseguridad jurídica como marco normativo y jurisprudente y que aboca al incumplimiento legal a todo el que así lo considere oportuno.

Algunos aspiramos a que entre nuestros representantes institucionales haya inteligencia y trabajo suficientes como para obtener y aportar soluciones algo más elaboradas y, al mismo tiempo, justas.

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