Trajes a medida para la izquierda

José María Sánchez Cañabate · Almería

 300317

Comparecía ayer, en una comisión de trabajo en el Parlamento de Andalucía, la diputada de Izquierda Unida, María del Carmen Pérez Rodríguez; y tras la intervención de un profesor universitario jienense, por alguna razón que aún se desconoce, la señora, que tiene gran pinta de no haberse visto en otra similar en su vida, se vino arriba de tal manera que terminó pidiendo, textualmente, que “sin tocar el estatuto, vamos a hacer un traje a la medida para que realmente podamos favorecer que los gobiernos de Andalucía sean gobiernos de izquierda”.

Es de suponer que la tal Mari Carmen, sobre quien, a juzgar por sus palabras, empezamos a tener serias dudas de que sepa leer ni escribir, no tendrá ni puñetera idea de que lo que está proponiendo es un golpe de Estado, una manera como otra cualquiera de conculcar la voluntad popular, un ciscarse a cuatro manos en la democracia, en el pueblo, en las libertades y en todo eso que ella y su partido se llenan la boca de defender, pero que luego no pierden la más mínima oportunidad para arrojar por tierra.

Mari Carmen es una señora del pueblo, que dice defender los intereses de los más necesitados, que está a favor de la ‘okupación’ de viviendas, de las expropiaciones al más puro estilo Chávez, no el de Andalucía sino el de Venezuela, de freír a impuestos al que trabaja para darle pasta al que está en su casa rascándose la barriga y, en general de todo lo que provoca que un país, una comunidad o una sociedad se hundan en la más profunda miseria; tal y como consiguieron sus correligionarios en países tan ricos como los del Este de Europa.

Pero reconocer en sede parlamentaria que de lo que se está a favor es de la dictadura del proletariado, es decir, de que las libertades han de plegarse a los intereses de la ideología comunista, de ‘modelar’ la democracia para que el poder se lo queden siempre los mismos, que son los suyos, es ir un poco más allá, es reconocer que uno pasa olímpicamente de la democracia, de los derechos y de las libertades, que lo que a uno le interesa es tocar pelo, perpetuarse en el poder y mañana que salga el sol por Antequera o por Vladivostok.

Lo sorprendente es que hemos llegado a un estado de cosas en el que este tipo de comportamientos, proto-dictatoriales, pro-totalitarios, han dejado de ser noticia para convertirse en rutina, en ‘uno más’, en parte del paisaje cotidiano al que nos han acostumbrado esta gente (por ser generosos) de Unidos, Podemos, Izquierdas Refundidas, Mareas varias y similares.

Y nadie (o casi nadie) dice nada.

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