Titiritero y almeriense

José María Sánchez Cañabate · Almería

 090216

Es almeriense y titiritero; dos condiciones a cada una de las cuales más digna. Ser titiritero es ser un artista y, además, de esos artistas que no cobran cifras millonarias sino que disfrutan de un arte modesto y humilde. Todo el respeto para ellos.

Pero dicho esto, lo que no pueden hacer ni el titiritero ni el carnicero, ni el político ni el taxista, ni el director de banco ni el futbolista es hacer apología del terrorismo, hacer promoción de ETA y del terrorismo islámico, recrear espectáculos lamentables en los que se asesina a monjas o a directores de banco ni nada que se le parezca.

Y lo peor del caso es que, además, lo han hecho ante un público infantil, en un teatrillo de barrio en Carnaval.

Ante este tipo de casos, me pregunto siempre qué clase de basura tendrá esta gentuza en la cabeza, dicho lo de gentuza con el mayor de los respetos que no merecen estos tipejos, el respeto que él no tienen ni por la ley, ni por la Constitución, ni por los derechos de los demás, incluyendo los que no piensan como ellos, y sobre todo por los derechos de los niños que ninguna culpa tienen de la demencia que padecen estos sujetos.

Pero lo peor de todo esto no son los titiriteros, que indudablemente tienen mucha culpa, incluyendo a nuestro paisano. Lo peor son los políticos que los han contratado, los programadores municipales de Madrid que han informado favorablemente sobre la actividad y, sobre todo, los políticos de ésa y otras ciudades que han salido en su defensa.

Hemos escuchado pulmonías y diarreas mentales de gente como Ada Colau, una señora que ha demostrado sobradamente que no sabe ni dónde tiene la mano derecha y que en esta ocasión ha dicho que hay que ponerse en la piel de estos pobres jóvenes asustados y que es una barbaridad que se encarcele a gente por un teatro.

Una manifestación que han compartido otros políticos, como la despreciable concejal de Cultura de Madrid, responsable de la tropelía, que hasta anteayer pedía dimisiones a diestro y siniestro por cualquier soplaminguez y que ahora no da signos de que se le pase por la cabeza dimitir por su mala cabeza, valga la redundancia; el de siempre, el tonto útil de Willy Toledo, un pésimo actor que se ha creído que tendrá mejor protagonismo diciendo siempre la estupidez más palmaria.

A todos estos simplones que han salido en defensa de los titiriteros, a base de demagogia y cobardía, aduciendo que se les ha encarcelado por utilizar la libertad de expresión o por su condición de ‘artistas creativos’; a todos ellos me gustaría tenerlos enfrente para que, simplemente, me explicasen por qué están de acuerdo con que se defienda a ETA y al terrorismo islamista, por qué les divierte tanto que se sodomice a monjas o se asesine a directores de banco.

Y sobre todo, me gustaría que se lo explicasen a todos sus votantes, a ésos que les han dado 69 diputados en el Congreso pensando que están votando una nueva, limpia y ciudadana manera de hacer las cosas.

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