Terrazas y veladores

Álvaro Fuentes Soler (foto Ideal) · Almería

 240216

Están los empresarios de hostelería de Almería, encabezados por la Asociación Ashal, para hacer algo contra la normativa del Ayuntamiento que está dificultando que algunos de ellos puedan renovar sus licencias de terrazas y veladores.

No he entendido nunca la inclinación que suelen tener los políticos y sobre todo los altos funcionarios de las instituciones para comportarse en contra de las empresas, ésas que generan empleo, ésas que dinamizan las ciudades, ésas que mueven el dinero y crean valor, ésas que arriesgan hasta el patrimonio particular de sus dueños para conseguir que la economía se mueva y progrese.

Algún día, no estaría mal que los empresarios, en lugar de recoger firmas o cabrearse, se pusieran todos de acuerdo y cerraran sus empresas, declarándose todos insolventes, dejando por tanto de pagar impuestos, de mantener contratos, de abonar sueldos y de hacer posible que nuestra sociedad funcione tal y como la entendemos.

Seguramente, los señores políticos y los burócratas, que viven ambos de los impuestos que pagan los ciudadanos y las empresas, comprenderían que tienen que respetar un poco más a los empresarios y a quienes se juegan su dinero para montar negocios que terminan sosteniendo el edificio institucional que algunos tarugos creen que vive ‘del aire’.

No entiendo bajo ningún concepto, por tanto, que el Ayuntamiento de Almería venga ahora poniendo pegas a la renovación de licencias de terrazas y veladores, cuando lo que tendría que hacer es un monumento a todos los empresarios que quieren meterse en el lío de abrir un bar, un restaurante o una taberna, arriesgando pasta y futuro y contribuyendo en muchos casos a dinamizar el casco histórico de la ciudad, que está más muerto que vivo sin que nadie haga nada por remediarlo.

En lugar de andar tocando las narices a los empresarios, lo que deberían de hacer políticos y burócratas es aprender un poco del espíritu emprendedor de estos modestos autónomos y pequeños empresarios, que si dejaran de existir, supondrían que todos los que cobran sueldos públicos se tendrían que ir a sus casas.

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