Semana Santa en Almería

José María Sánchez Cañabate · Almería

 220316

Hoy es Martes Santo, martes de Semana Santa. Anoche salieron a la calle algunas hermandades y hoy lo harán otras, que se irán sucediendo por el resto hasta el Domingo de Resurrección.

Almería está bonita; posiblemente sea el momento más bonito del año, porque la temperatura ya apunta a disfrutar de la calle, porque vuelven a casa muchos almerienses y a los que viven aquí les va eso del reencuentro, porque las procesiones dan a la ciudad un ambiente muy especial y porque la calle está viva y llena de sensaciones y sentimientos.

No vayáis a creer que soy muy religioso; más bien poco o nada, aunque procuro respetar las religiones tanto como ellas me respetan a mí; es decir, mucho al cristianismo y derivados, porque se meten muy poco conmigo, y poco a otras como el Islam, porque no respetan nada que no sea lo suyo.

Pero religión al margen, la Semana Santa es mucho más; es una fiesta religiosa que saca a la calle a devotos y ateos, que nos invita a emocionarnos y a disfrutar con el arte de las esculturas, de las pinturas, de las saetas y músicas religiosas y de los pasos y de la forma de movernos, tras meses de ensayos.

La Semana Santa es arte, pero también es convivencia en la calle, en las iglesias, en los bares y en las gradas del Paseo de Almería. Es posiblemente el momento en el que más almerienses se juntan en la ciudad y en el que más gente se puede ver en la calle.

Almería no es Sevilla ni Málaga; ni en población ni tampoco en cuanto a tradición semanasantera, pero nadie puede negar que nuestra Semana Santa ha ido a más, nuestra ciudad la vive cada año con más seguimiento y su contenido atrae cada vez a más turistas.

Por eso, que haya por ahí personajillos que, no teniendo nada que hacer para construir, se empeñen únicamente en destruir y, por ejemplo, no tengan otra cosa que hacer que fijarse en la Semana Santa, la de Almería y la de Sevilla, la de Madrid y la de Málaga, la de Valladolid y la de Ávila, para cobrarse una víctima más de su falta de respeto por los demás y por sus derechos, simplemente me parece un ejemplo más de su falta de tolerancia pero, sobre todo, del peligro extremo que entrañan para este país y para la sana convivencia en la que estamos inmersos desde la llegada de la democracia.

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