Segunda División

Tomás López · Almería

260515

La otra noticia del fin de semana en Almería, al margen de las elecciones, ha sido el descenso del Almería a Segunda División. Fue el descenso matemático, de facto, porque el virtual ya estaba cantado desde hacía semanas. Un descenso penoso, como todos; tiznado de desilusiones colectivas y de sospechas por anticipado, por diferentes razones.

Pero como la caída a Segunda División A era ya algo que todo el mundo esperaba, lo peor del fin de semana, en ese aspecto, fueron las declaraciones del presidente, acto seguido del ‘fallecimiento’. Alfonso García se preguntaba, públicamente, si merece la pena hacer un equipo competitivo de cara a la próxima temporada, dada la falta de apoyos que, según él, tiene el equipo.

Una lástima que se sienta así el señor presidente, pero no estaría de más que él mismo se preguntara cuáles pueden ser las razones por las que una ciudad como Almería no termine de ‘engancharse’ con su equipo de fútbol… de Primera División.

La gran mayoría de las ciudades españolas, entre ellas algunas del tamaño y la resonancia de Palma de Mallorca, Zaragoza, Alicante, Girona, León, Murcia, Córdoba, Las Palmas de Gran Canaria o Valladolid, por poner algunos ejemplos, se darían de tortas por tener un equipo en Primera.

Sin embargo, en Almería, ciudad con casi 200.000 habitantes en una provincia con más de 400.000, apenas 10.000 van al fútbol cada domingo. El presidente se queja, además, de poco apoyo de las empresas y de las instituciones.

Se dice de Alfonso que es un señor despegado de Almería, autoritario en su manera de dirigir el club y poco dado a confraternizar con quien tiene a su alrededor, ni mucho menos con las buenas gentes de Almería. Acaso alguien, alrededor de Alfonso García, debiera decirle, o haberle dicho, que para conseguir apoyos, antes hay que darlos; que antes de pedir, hay que dar.

Y también que no parece muy lógico que quienes tienen en su provincia el tesoro de un equipo en Primera División no lo apoyen a muerte y, por tanto, si es así, algo deben estar haciendo mal en el club para que empresas, instituciones, políticos, aficionados y almerienses en general le hayan dado la espalda, en opinión del propio presidente, a un equipo por el que en cualquier sitio serían capaces de hacer el Camino de Santiago, ida y vuelta.

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