Samantha Villar

José María Sánchez Cañabate · Almería

 290415

Es lo que tienen los medios de comunicación: que convierten en aprendices de divos a cualquier aprobado pelado con el único efecto de tener una cámara delante. Casos hay muchos, constantemente; el último de ellos el de la chica ésta, que se ha hecho famosa únicamente porque le ha dado por hacer programas en los que le mete el micro y la cámara a señores para mostrar su triste cotidianeidad.

Y como quiera que, a su vez, a la gente, o mejor a alguna gente, le ha dado por ver tan divertidos y variados espacios divulgativos, la tipa se ha debido pensar que es un fenómeno de masas. Tal es así, tan arriba se ha venido la chiquilla, que ante el episodio del otro día en el Estadio de los Juegos Mediterráneos con el entrenador del Éibar, no ha tenido otra ocurrencia que decir que “los pobres periodistas de Almería apenas son capaces de entender el castellano”.

Insisto: es lo que tienen los tarugos venidos a más por el ‘efecto micro’, que en cuanto pueden opinan de lo que no tienen ni puñetera idea, sin conocer a la gente que están descalificando, presuponiendo todo lo que les da la gana y más, pasándose el rigor y el derecho de la información por el forro de sus caprichos y creyéndose con derecho a insultar y descalificar a quien quieren, sin conocerlos y sin saber exactamente lo que ha pasado.

Como ya dijo mi compañero Tomás López el otro día, el lunes, lo que sucedió en la sala de prensa no fue correcto y no debe repetirse. Pero nos sobran los telepredicadores, los divos, los periodistas mitineros y dictadores, las niñas y niños de papá que hablan delante del micro como lloriqueaban a sus papás cuando no les compraban las chuches, que diría Mariano Rajoy, y los bocazas que no pierden oportunidad de orinar fuera de la escupidera.

Así es que, a la niña ésta, a la aprendiz de reportera, poco caso. Porque lo que busca quien se expresa en esos términos no es más que notoriedad, protagonismo y portadas de periódico, para paliar su propia mediocridad, su existencia plana y absurda, sus complejos y su aburrimiento congénito.

Eso sí, cuando quiera aquí la esperamos. Y quizás en la sala de prensa del Estadio Mediterráneo, donde algún periodista se pasó un par de pueblos, posiblemente la Samantha ésta pueda aprender un poco de castellano, el idioma ése que presupone que no conocen los periodistas de Almería. ¿Se puede tener menos vergüenza que quien critica el ‘castellano’ de los periodistas almerienses, teniendo un léxico como el que tiene esta señorita Villar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>