Roquetas

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 291215

Así es la vida. El municipio de Roquetas de Mar ha pasado de copar las portadas de los periódicos y los informativos de televisión por algo tan positivo como que caiga allí el Gordo de la Lotería, a hacerlo, en apenas cinco días, por unos disturbios que no son nuevos y que para reflexionar de manera profunda y prolongada.

De las duchas en cava y las camisetas con el número premiado impreso, se ha pasado sin solución de continuidad a las bandas callejeras quemando contenedores, rompiendo lunas y sembrando el pánico.

Y como los medios de comunicación somos así, no han tardado en aparecer las palabras xenofobia y racismo. En este caso, el racismo no afecta a la población autóctona, puesto que el conflicto se ha generado entre personas de raza gitana y negra, pero da igual: de nuevo Almería vinculada con el racismo.

Pasó en los tristemente famosos sucesos de El Ejido, se repitió hace unos años en las 200 viviendas de Roquetas, con un caso bastante similar a éste en apariencia; y ahora vuelve, con el presunto asesinato de un senegalés a manos, de nuevo presuntamente, de un grupo de personas de raza gitana.

La virulenta reacción de la comunidad senegalesa no tiene ni explicación ni justificación. Si en su día a día sufren comportamientos racistas y xenófobos, lo que han de hacer es denunciarlos, pero nada justifica que se tomen la justicia por su cuenta tras un suceso tan lamentable como el asesinato de un compatriota.

Pero seguramente la clave de todo esto la haya dado el responsable de Almería Acoge, que ha comentado que lo que hay que hacer es analizar cuáles son las causas para que una comunidad entera, o al menos buena parte de sus miembros, haya reaccionado de esta manera tan violenta y desmesurada.

Algo no debemos estar haciendo muy bien entre todos, para que las reacciones se sigan produciendo de manera corporativa y colectiva, cuando hay determinados hechos que vuelven a dividirnos entre los blancos, los gitanos y los negros, cuando aún no hemos hecho conciencia colectiva ni hemos aprendido que no hay más división ni colectivo que las personas que compartimos territorio, ilusiones e intereses.

Seguramente, ahora se nos llenarán los periódicos de reflexiones como ésta, de buenos propósitos y de planes para el futuro más o menos próximo. Seguramente, todos ellos no tardarán en caer en el baúl de los recuerdos, hasta que la violencia estalle de nuevo, que lo hará. Algo estamos haciendo no muy bien… por no decir muy mal.

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