Respeto a las lenguas y saber estar en una sala de prensa

Tomás López · Almería

 270415

Almería va a ser noticia en el fútbol español esta semana y no sólo por el triunfo ante el Éibar, que acerca la permanencia en Primera División. Ayer, el técnico del conjunto eibarrés se marchó de la sala de prensa del Estadio Mediterráneo cabreado y dejando la rueda de prensa a medias.

El motivo es que la rueda de prensa empezó con dos preguntas en euskera por parte de la televisión vasca, que emite en ese idioma, recordemos, oficial del Estado español según la Constitución. La primera de las preguntas provocó quejas desde el fondo de la grada, en la que se supone que quienes están allí están trabajando, o sea, recogiendo información para trasladarla a sus audiencias. Ante ello, el jefe de prensa del club recordó a los presentes que combinar diferentes idiomas es algo normal y habitual en una rueda de prensa futbolística.

La segunda pregunta provocó los aspavientos de otro informador presente en la sala, ante lo cual, Garitano le preguntó que cuál era el problema y éste respondió que no se enteraba al no responder en castellano. Ante eso, el técnico ‘armero’ se levantó y se marchó.

Tras el penoso incidente, incluso he escuchado a algunos hablar de mala educación del entrenador visitante, lo cual me parece todavía más grave. Episodios como éste se producen primero por la falta de conocimiento, tanto legal como cultural, de lo que son las lenguas del Estado español. Y además por una absurda animadversión ante todo lo que signifique País Vasco y Cataluña.

Pero más allá de eso, lo que demuestra es la falta de conocimiento de cómo funciona una rueda de prensa, del derecho de cada informador a preguntar en la lengua oficial de su medio y del protagonista a responder en su lengua materna, en este caso la vasca, o en la que escoja.

Pero además, es que hay que estar muy fuera de onda para no entender que el País Vasco tiene el euskera como lengua oficial, que sus medios de comunicación públicos se expresan en tal lengua, entre otras cosas porque tienen como objetivo prioritario difundirla y popularizarla, y que un señor de Almería haciendo aspavientos no va a cambiar tal realidad.

Pero sinceramente, lo que más triste me pone es que todo esto no es más que la prueba más evidente de que hay mucha gente para la cual la acumulación de conocimientos no sólo no es una opción, sino que es incluso un insulto.

No sabemos qué salpullido, qué urticaria o qué dolor de mueles le habría producido a estas personas escuchar dos o tres respuestas en vasco, sabiendo como deben saber que luego llegarían las preguntas y las respuestas en castellano.

El caso es que nuestra provincia queda a la altura del betún gracias a señores que ni saben entender su profesión ni tampoco entienden que las lenguas son un patrimonio de la humanidad y que sus hablantes tienen la obligación de practicarlas y mantenerlas. En mi opinión, cualquiera que se ofenda porque alguien hable su lengua materna no hace sino el ridículo. Que creo que es, efectivamente, lo que Almería ha hecho gracias a alguno.

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