Portavoces y portavozas

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 200516

Ha vuelto a suceder. El feminismo más intransigente, más absurdo y más inculto ha vuelto a pegar una buena patada en sus partes a la lengua castellana. Lucía Ayala es una chica muy simpática a la que la moda y no muchas más razones  ha convertido en parlamentaria andaluza por Almería.

Pocos merecimientos había tenido antes de su elección y pocos ha acumulado después, en este tiempo de legislatura. Sin embargo, hasta ahora había permanecido más o menos calladita, que es como está más guapa y, sobre todo, más discreta. Obviamente, la tal Lucía tiene todo el derecho del mundo a hablar, pero también tiene, como representante de todos los almerienses y no sólo de los ciudadanos que le votaron, trabajar con ahínco, prepararse adecuadamente y conducirse con la dignidad que el cargo requiere.

La chica, muy maja ella, emuló ayer en el Parlamento a la felizmente ex ministra Bibana Aído cuando dijo aquello de miembros y ‘miembras’ o a la ex diputada Carmen Romero cuando echó mano de aquello de jóvenes y ‘jóvenas’, tan tristemente famoso.

Pues bien, la tal Ayala no tuvo otra ocurrencia ayer que dirigirse a los presentes en su comisión parlamentaria como portavoces y ‘portavozas’, en una nueva falta de respeto de este feminismo recalcitrante con la lengua que sirve a las gentes de estas tierras para comunicarse desde hace casi 20 siglos.

Ah, y un detalle importante. La comisión en cuestión no era de Urbanismo, ni de Extranjería ni de Industria. Se trataba de la comisión de Cultura, a la que la portavoz atacó con tal virulencia que indudablemente se hizo merecedora de una tarjeta roja irrevocable y de un puestecito en otro lugar del Parlamento, no sé, quizás en la portería, con todo los respetos a los porteros y a las porteras.

Si no estuviera tan imbuida de ese feminismo radical que está siendo letal para la sociedad española, esta joven se habría percatado que la palabra portavoz es un vocablo compuesto, integrado por los términos porta (de portar) y voz; y ésta última es una palabra neutra, que no tiene ni masculino ni femenino; vamos, que no existen ‘el voz’ ni la ‘voza’.

Pero claro, todo esto quizás sea demasiado para esta señora, por cierto, parlamentaria por Podemos. Quizás eso lo diga todo.

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