Podemos… cargarnos la democracia

Álvaro Fuentes Soler  · Almería

 270514

Después de muchas idas y venidas, de mucho ‘no nos representan’, de mucha ‘democracia real ya’, de mucho ‘sí se puede’ y de ‘podemos por todos lados’, de toda la manipulación, el populismo y la tergiversación del mundo, ya están aquí. Sí, señores, las nuevas fuerzas políticas que no creen en el sistema, que quieren derruirlo y construir otro nuevo, han logrado meterse en el Parlamento Europeo representando a España y, si no hay un cambio importante, estarán también en los ayuntamientos, en las diputaciones y quién sabe si no en algún gobierno autonómico más pronto que tarde.

Es la deriva que ha tomado este país. Los ciudadanos somos fácilmente manipulables y, en un caldo de cultivo de crispación, desesperación, tremenda crisis económica y muchos ‘telepredicadores’ calentándonos la cabeza, hemos tirado por la calle de en medio; o al menos hemos comenzado a hacerlo.

A algunos les ha salido mal la jugada, como a fuerzas como Izquierda Unida o UPyD, que querían ser ellos los que se beneficiasen de esas críticas feroces contra las fuerzas del bipartidismo, a las que se ha acusado de robo, de enriquecimiento y de falsear la democracia hasta la saciedad, sin demostrar absolutamente nada, eso sí. Pero les ha salido un pequeño gran grano en salva sea la parte, porque desde un lugar más recóndito del que ellos partían, han salido otras fuerzas que, ya de entrada, antes de que ellos mismos lleguen a tenerlo, les han robado el protagonismo. Vamos, que han sido superados antes de entrar en meta.

Una de esas fuerzas es Podemos, el partido del tal Pablo Iglesias, al que muchos españoles, hasta un millón de ellos, han votado. Habría que saber cuántos han leído antes en profundidad sus propuestas, cuántos saben que aboga por retirar las vallas de Ceuta y Melilla, por no pagar la deuda con todo lo que ello conlleva, por una renta mínima para todos los españoles aunque no le den un palo al agua (¿se imaginan esto en España? Va a ser la risa), por un IVA del 35% para los bienes de lujo (la mayoría de los que consumimos usted y yo), por la independencia de País Vasco y Cataluña, por eliminar los contratos que no sean fijos (¿algún voluntario para contratar a alguien en una pyme?), por prohibir los despidos en empresas con beneficios o por establecer un salario máximo (no va a quedar ni un talento en España).

Repito, quizás si nos leyéramos las cosas antes de firmarlas, antes de votar, nos iría de otra manera. Pero entonces esto no sería España. Por cierto, si esto es la democracia real, …

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