¿Pero qué hacen ustedes en política?

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 241014

La noticia copa hoy todas las portadas de los periódicos almerienses y, además, ha saltado a la actualidad nacional: Gabriel Amat, presidente del PP de Almería, de la Diputación, alcalde de Roquetas y “hermano mayor” de Javier Arenas, ha sido citado a declarar como imputado por estar presente en la junta de gobierno de su ayuntamiento que otorgó la concesión de una licencia de construcción que podría ser irregular. No es el sólo: el resto de la junta de gobierno, seis concejales, también han sido llamados.

Vayamos despacio, que aquí hay miga: es decir, que resulta que un político tiene la obligación de dirigir un Ayuntamiento, recibe una petición de licencia de obra, acompañada por un informe técnico favorable y otro jurídico que también da luz verde, concede la licencia y, años después, ¡siete años después!, es llamado a declarar porque podría haber cometido un delito.

Mirad, queridos lectores: yo de lo que no tengo ni idea es de qué demonios hacen estos tíos metidos en política. Gente que se levanta todos los días a las siete de la mañana o antes, para estar al pie del cañón hasta pasada la hora de cenar, con reuniones, plenos, comisiones, estudios, presentaciones, viajes, visitas y más reuniones, escuchando a gente quejarse y pedir cosas imposibles, insultarles, llamarles de todo, ponerles bajo sospecha de lo primero que se les ocurre, sabiendo que ganarían más dinero en la empresa privada o montando sus propios negocios (en el caso de Amat es más grave, porque ya los tiene y deja de dedicarles el tiempo que debería, poniéndolos en riesgo) y resulta que por hacer caso a un informe técnico, ahora se ven delante de un juez.

Esto empezó por la prensa, que nos dio por hacer sospechoso de corrupción a todo bicho político que anduviera por allí; luego los ciudadanos se lo han creído, han asumido que todos los políticos son unos ladrones y se han convencido de que lo mejor es que nos gobiernen gente que no han gobernado jamás ni su comunidad de vecinos o que su experiencia se circunscribe a colaborar como asesores en repúblicas bananeras y no democráticas; y finalmente ha llegado la justicia, que imputa e imputa sin ton ni son, que luego cuando absuelve, ya no hay manera de restituir el daño causado.

¿Os acordáis de Francisco Camps? ¿Y de Pepiño Blanco? ¿A que os suena a choricetes, a gentuza implicada en casos de corrupción, que utilizaron el dinero público para sus cosas particulares? Pues es verdad que estuvieron implicados, pero fueron absueltos. El juez no pudo probar que hubieran hecho nada irregular o ilegal, lo cual, en un sistema democrático, es tanto como decir que son inocentes.

¿Y ahora, quién restituye la imagen de esas personas? ¿Quién les libra de esa imagen que a vosotros mismos os ha quedado de ellos? Sinceramente, se nos ha ido la olla con los políticos y esto va a acabar muy mal. No sé si Amat habrá hecho algo malo o no, pero si su delito ha sido firmar una licencia de obras que estaba apoyada por un informe jurídico y otro técnico, pase lo que pase, yo si fuera él haría caso a todos esos que estaban deseando que fuera imputado, yo sí, presentaría la dimisión y les daría en todo el gusto. ¡Y que venga otro a echar mil horas por este cortijo, que no es el mío!

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