Padres y profes contra las cuerdas: nuevo caso de ‘el tonto del móvil’

Álvaro Fuentes Soler · Almería

240417

Entre otros ámbitos, en el de la educación de nuestros menores está este país para salir corriendo. Profesores agredidos y amenazados en las aulas y padres chantajeados en mitad de un ambiente en el que la consigna que más temprano aprenden los niños es ‘vale todo’. El penúltimo caso lo hemos vivido aquí, en Almería, un nuevo caso de ‘el tonto del móvil’: una niña de catorce años que había denunciado a su padre y su madrastra por retirarle el móvil como castigo por haberse portado mal. Una denuncia que había amparado el fiscal, que pedía para la pareja diez meses de prisión y tres años de alejamiento por quitarle el móvil a la niña. La primera pregunta que se hace uno ante este tipo de noticias es: ¿qué hace falta en este país para llegar a ser fiscal? En este punto, seguramente será más prudente no responder a esa pregunta, no sea que nos compliquemos la vida. Pero sobre todo, será importante analizar en qué país vivimos, si una niña cree que es posible denunciar a sus propios padres por quitarle el móvil, por imponerle un castigo, que piense que dicha denuncia va a tener posibilidades de prosperar, qué puede pensar que va a conseguir con ello y, sobre todo, que realmente un fiscal le dé carrete a tan imbecilidad sideral. Pues es muy sencillo: estamos en un país en el que a los niños se les enseñan sus derechos, los que tienen de verdad y los que no podrían ni soñar, pero no se les enseñan ni sus deberes ni las consecuencias de no cumplir con ellos; en un país en el que el niño aprende muy pronto aquello del ‘vale todo’, en el que los escolares se tocan los pantalones con constancia y pasan de curso sin saber hacer la ‘o’ con un canuto, en el que organizaciones de imbéciles asociados montan pollos de tamaño XXL cuando se proponen modificaciones legales para que los niños tengan la obligación de estudiar y esforzarse para pasar de curso; en el que los niños ejercen de terroristas en colegios e institutos sin temor a nada porque nada les va a pasar; en el que pegarle una paliza a un profesor o a un padre sale gratis, pero darle un cachete a un hijo puede suponer perder su custodia; y en el que se han revertido la moral, la lógica y la educación de tal manera que ya hemos empezado a sufrir las primeras consecuencias, en forma de que nada funciona, pero lo peor está todavía por llegar. Esta sociedad que estamos construyendo, querido lector, es una mierda como el sombrero de un picaor, porque cualquier sociedad próspera y exitosa se ha basado siempre en el esfuerzo, la cultura y la educación. Y aquí nuestra cultura es la del mínimo esfuerzo y la del ‘todos iguales’ aunque no demos un palo al agua; nuestra educación es la de la ley del más fuerte; y nuestro esfuerzo es ninguno, porque el lema es ‘igualdad para todos’, para los que se matan a trabajar y para los que no se levantan nunca de la cama antes de mediodía.

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