Pactar o no pactar: caramelos electoralmente envenenados

Tomás López · Almería

 230315

Han transcurrido pocas horas desde que cerraron los colegios electorales y menos aún desde que se conocieron los resultados electorales. El PSOE ha ganado las elecciones con claridad, aunque no con mayoría absoluta. Llega la hora de decidir quién (o quienes) va a gobernar la comunidad andaluza.

La fragmentación del voto, la mayor en unas elecciones desde que se inició el actual período democrático, hace que las posibilidades sean muchas. Gobernará el PSOE, porque para que lo hiciera otra fuerza política tendrían que coaligarse todas las demás; es decir, un imposible en la práctica. La cuestión es: ¿con quién?

Las posibilidades de pacto son fundamentalmente tres: PP, Podemos y Ciudadanos, puesto que Izquierda Unida, posiblemente el aliado más propicio y factible, ya no tiene fuerza para dar la mayoría absoluta a Susana Díaz.

Todos los partidos se han cansado de descartarse, con la boca pequeña, de posibles pactos durante la campaña electoral. Realmente, en un análisis a primera vista, parecería un suicidio para cualquiera de ellos que no sea el PSOE. Habrá que ver ahora sin son fieles a su palabra y a la lógica electoral de este año en el que aún nos faltan dos convocatorias: municipales y nacionales.

El pacto con el PP podemos darlo casi por descartado. Son las dos fuerzas mayoritarias, en Andalucía y en España. Una alianza sería terminar de llenar el vaso de la desconfianza y el estupor entre sus seguidores.

Luego está la opción Podemos, que por parte del PSOE sería una importante contradicción y un peligro evidente para Pedro Sánchez, aunque por ahí sea la opción más encajable para una Susana Díaz que evidencia deseos de debilitar a su líder nacional; pero sería un suicidio para Podemos, cuya pujanza se basa precisamente en desprestigiar a las dos grandes fuerzas políticas, la casta, con una de las cuales se iría ahora a la cama al primer guiño de ojos.

Y en el caso de Ciudadanos pasaría algo similar, pero con el agravante de que el PSOE tampoco debe verlo muy claro, puesto que sería traicionar a parte de su electorado. Sin embargo, el problema más importante para esta opción vendría por la vía de Ciudadanos, que si es capaz de tener paciencia y marcar sus objetivos a medio plazo, es decir, para las nacionales de 2019, puede llegar a ser fuerza con opción de gobierno, pero que si se entrega a extraños juegos de cama a la primera de cambio se convertirá en uno más y dejará de tener utilidad para quienes ahora le siguen y para los que se lo están pensando.

Con todo ello y con el calendario electoral de este año, apretado y pendiente de dos citas muy importantes, mi conclusión es que Susana Díaz va a gobernar en mayoría simple, con pactos puntuales con unas u otras fuerzas políticas, al menos en su primer año de mandato. De esta manera, no desgastará a su partido con pactos que tienen siempre mil y una interpretaciones aunque, sobre todo, la razón principal es que el resto de partidos saben muy bien que el caramelo que tiene que ofrecerles la presidenta andaluza está más que electoralmente envenenado.

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