Okupas en Almería

Álvaro Fuentes Soler (foto Ideal) · Almería

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Le en Ideal un reportaje de Julio Valdivia sobre el fenómeno de los okupas en Almería. El autor señala barrios de la capital como El Puche y municipios como el de Roquetas de Mar como puntos más conflictivos en este asunto, que no es nada fácil ni de plantear ni de solucionar.

El fenómeno okupa se basa en la toma de viviendas que están vacías por personas que o bien no tienen casa o bien mejoran su estatus ocupando una de las que están sin ser utilizadas. Aparentemente, puede considerarse una actuación justa, puesto que se trata de dar vivienda a alguien que no la tiene y para ello se emplea una que no está siendo utilizada.

El problema es que tal análisis no puede ser más simplista y superficial, puesto que detrás de esa vivienda hay un propietario que la ha pagado o, lo que es peor, aún la está pagando; o incluso alguien que ha dejado de pagarla porque no puede, pero a quien el banco se la reclamada.

Una vivienda vacía, como todo el mundo sabe, puede alquilarse; algo que no se puede hacer con una vivienda ‘okupada’.

El reportaje de Ideal nos cuenta el testimonio de un vecino cuya vivienda ha sido ‘okupada’. Relata, por ejemplo, que “aprovechando que eran contados los vecinos que residían habitualmente en el edificio, las viviendas comenzaron a ser ocupadas” y el propio vecino relata que “primero una, pronto fueron muchas más, ya que rompían las cerraduras, ponían nuevas y vendían los pisos por tan sólo 150 euros, conexión a luz y agua incluidos”.

Además, el reportaje da el testimonio de este protagonista que relata que “los nuevos vecinos del edificio empezaron pronto a generar problemas, deteriorando todas las zonas comunes en muy poco tiempo. Enseguida había en el mismo puntos de venta de droga, robos de todo lo que tuviera valor en las casas que aún quedaban, desde persianas a cables, puertas rotas, extintores que desaparecieron, paredes rotas y un largo etcétera. Todo ello ante la pasividad de las autoridades y de unas Fuerzas de Seguridad que poco pueden hacer con la actual legislación”.

El testimonio no es algo extraño ni ocasional; es el modus operandi habitual de los ‘okupas’, que además de proporcionar un gran perjuicio al afectado, se lo trasladan también a sus vecinos, ocasionando un grave problema en barrios enteros, que pasan a vivir regidos por la ley de la ‘no ley’.

Y en mitad de esto, la pasada semana sale la alcaldesa de Barcelona, donde por fin se han decidido a actuar contra la ‘okupación’ en determinadas zonas, y dice que los policías deben tratar con delicadeza a las personas que han reaccionado contra esta ‘desocupación’ provocando graves altercados callejeros y, a raíz de eso, un buen número de tarugos justifican sus palabras en redes sociales.

Demagogia, demagogia y más demagogia. Apuesto a que ni uno sólo de los defensores de los ‘okupas’ y de la ínclita alcaldesa estaría muy feliz si les ocuparan un piso de su propiedad o si fueran víctima de la quema de su coche durante este tipo de protestas.

Pero claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. Mucho progre, de boquilla, es lo que hay.

 

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