Mesón Gitano

Tomás López · Almería

281216

Se ha liado demasiado, ha perdido fuste, ha pasado de proyecto estrella y transformador de la ciudad a foco constante de polémica y de división entre la ciudad. No me atrevería a decir por culpa de quién ni quién tiene mayor responsabilidad en que ello haya sucedido, pero la realidad es que el Mesón Gitano ya no es aquella magnífica idea de recuperar un pasado histórico y brillante de la ciudad y convertirlo en el centro neurálgico del nuevo y revitalizado casco histórico.

Las antiguas cuevas del Mesón Gitano se escogieron como el proyecto estrella del Plan Urban, una gran subvención que el Ayuntamiento de Almería, en época de Luis Rogelio como alcalde y Javier Aureliano García como responsable de la empresa Almería Urbn, consiguió para la ciudad.

Proyectos había muchos para acometer con tal subvención, pero el Mesón Gitano era el principal. Se hicieron estudios arqueológicos, se diseñó cómo debía quedar el espacio, se definió el entorno que lo acompañaría y se adjudicaron los usos prácticos que tendría todo el conjunto.

En el Mesón Gitano se habían de ubicar bares y restaurantes, tiendas de souvenirs y productos típicos, un centro de interpretación y espacios para el uso ciudadano, gestionados por el Ayuntamiento y también por las asociaciones del casco histórico.

Y las cosas iban por muy buen camino, puesto que la empresa Almería Urban y el propio Ayuntamiento tejieron un entramado de relaciones con las asociaciones y el tejido ciudadano del casco urbano, que era de lo que se trataba. Teníamos conocimiento de manera periódico de las reuniones de las diferentes mesas de trabajo, que tenían que definir el nuevo espacio sobre el territorio histórico de la ciudad.

El asunto empezó a truncarse en cuestiones que más bien deberían parecer accesorias, como la imagen del edificio auxiliar del proyecto, que no gustó a casi nadie y que enfrentó al consistorio con organizaciones como el Colegio de Arquitectos, algunas asociaciones ciudadanos y partidos como UPyD.

Ahora, la noticia es que el caso Mesón Gitano va a sentar en el banquillo a cuatro altos funcionarios del Ayuntamiento y a tres responsables de la empresa Facto, constructora adjudicataria del proyecto, acusados de presuntos delitos de tráfico de influencias y prevaricación.

Indudablemente ello ni inhabilita el proyecto ni le resta brillantez ni importancia en lo que debe ser el presente y el futuro de la ciudad, pero está claro que lo ensombrece. En un momento dado, y sin que seamos capaces de definir muy exactamente cuándo, el proyecto del Mesón Gitano se atrancó, se convirtió en un foco de polémica.

Insistimos: no sabemos quién tiene más responsabilidad en esta realidad, si el Ayuntamiento, determinadas asociaciones, UPyD, el Colegio de Arquitectos o quien sea, pero una vez más hay  que constatar que lo que debía ser una magnífica realidad se ha convertido en un caso judicial. Eso sí, aún hay tiempo de hacer del Mesón Gitano en un motor de impulso para el casco urbano de Almería, que era su objetivo desde el principio.

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