Medidas especiales contra las trincheras invisibles

José María Sánchez Cañabate · Almería

251115

Escuchamos hablar de terrorismo islamista, de atentados en París y Túnez, de estado de excepción en Bruselas y de reacciones en Rusia y todo nos parece muy lejano. Es como aquello de los accidentes de tráfico o las enfermedades irreversibles: siempre nos parece que a nosotros no nos va a tocar. Y todo ello en un país en el que, apenas hace unos años, hemos sufrido la barbarie y el impacto de los atentados en los trenes de Madrid.

Pero todos sabemos, aunque en ocasiones parezca que queramos ignorarlo, que esto está aquí, muy cerca; que nos toca de lleno y que cualquier día nos puede explotar en la cara. De hecho, a poco que reflexionemos, observamos las claras repercusiones que todo esto tiene en nuestra vida cotidiana.

Hoy en los periódicos leemos que en los partidos del Almería se van a implantar medidas excepcionales, ante el peligro de que pueda producirse algún atentado. Habrá un doble control de acceso, se registrarán bolsos que sean sospechosos e incluso podrá haber cacheos en determinadas situaciones antes de acceder al Estadio.

El club y las autoridades competentes han pedido colaboración la ciudadanía, a los aficionados que acudan al recinto, puesto que todo esto se hace en pro de la seguridad de todos y para evitar situaciones como la que se dio hace dos semanas en el Estadio de Francia, en París, que fue uno de los focos del ataque terrorista islamista que se llevó a cabo en la capital francesa.

Está claro que estamos en guerra y lo estamos todos. Es una guerra diferente, puesto que las trincheras están escondidas, son invisibles y están en todas partes. Nadie se libra, todo el mundo es susceptible de encontrarse en mitad de la batalla en cualquier momento.

La globalización tiene muchas ventajas, pero también inconvenientes como éste. La llegada de ciudadanos de cualquier parte del mundo al lado de nuestra casa nos proporciona la posibilidad de conocer otras culturas, pero también facilita la entrada a gente cuyo único objetivo es hacer daño, gracias a una mente embaucada con promesas de futuros paraísos de vino y rosas, con harenes de vírgenes esperándoles tras su masacre.

El anuncio de medidas en el Estadio de los Juegos Mediterráneos no hace sino corroborar que el estado de guerra se extiende también a Almería. Una guerra que no nos llama como soldados, pero que nos incluye como parte del paisaje de la batalla sin habernos preguntado.

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