Medallas a destiempo

Tomás López · Almería

201015

Con el tiempo, a uno empieza a no gustarle nada esa costumbre de los políticos de colgarse una medalla a cada paso que dan, sea éste cual sea. Al político, a nuestros representantes, de alguna manera a nuestros empleados públicos puesto que somos nosotros los ciudadanos los que los elegimos y los que pagamos sus sueldos, hay que reconocerles sus aciertos y censurarles sus errores, pero ellos no han de correspondernos tomándonos por tontos.

Es obligación de nuestros representantes informarnos de lo que hacen; de lo bueno y de lo malo, de los aciertos y de los errores. Ésta ya es una obligación que cumplen, puesto que habitualmente nos dan cuenta de lo bueno, pero nos tratan de ocultar lo malo; como si ello fuera posible.

Pero además, de un tiempo a esta parte han convertido en costumbre el hecho de celebrar cualquier movimiento, sea cual sea el resultado del mismo, sea cual sea el grado de éxito con él conseguido, sea cual sea el tiempo y el retraso que haya conllevado el proyecto en sí.

Ejemplos prácticamente tenemos cada día y, por supuesto, en los más recientes. Hace escasos días comentábamos aquí mismo las celebraciones por la conclusión de la Autovía A-7, ésa que une a Almería con el resto de Andalucía por la costa y a Andalucía con el Levante español hasta Francia. Una vía que comenzó hace más de 20 años y que hoy se concluye entre cortes de cinta, celebraciones y recias medallas entre políticos que por aquel entonces no habían comenzado a tocar pelo.

Ayer mismo hubo dos ejemplos más de esta peligrosa costumbre. El primero, en Madrid, con la firma de un acuerdo con Estados Unidos que conllevará la limpieza de Palomares… ¡50 años después de la caída de la famosa bomba! Uno se pregunta si, más que celebrarlo, lo que habrían de haber hecho los representantes de los gobiernos estadounidense y español es pedir perdón y taparse un poco.

Y luego está lo del IES de El Toyo: años de alumnos cursando estudios en barracones, manifestaciones, cartas, concentraciones de protesta, demandas en los medios de comunicación y, después de todo, el anuncio de la licitación de las obras para la construcción de un Instituto que lleva mucho tiempo demandándose y esperándose. Más que celebrarlo a bombo y platillo, quizás lo mejor hubiera sido anunciarlo con un acto de contrición.

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