Luis Montoya ya va ganando ‘relatores’

Álvaro Fuentes Soler  · Almería

 190514

Desde el primer día del nacimiento de este Almería Al Día, hemos venido diciendo que entendemos la actividad periodística como la capacidad de combinar información y opinión, pero siempre de manera profesional, con el objetivo inquebrantable de que el lector pueda hacerse su propia opinión acerca de la realidad y no se vea conducido a ella por unos y por otros.

Frente a esta manera de entender el oficio de informar, ha crecido otra radicalmente diferente, ante la que estamos frontalmente opuestos: no se trata ya de quienes intentan orientar el pensamiento de los demás ciudadanos, sino que incluso hay quien se vale de los medios de comunicación para pedir dinero a cambio de no orientar esas opiniones en contra de determinadas personas, entidades o instituciones e incluso empresas. Ese modo de hacer periodismo ha crecido mucho en los últimos años.

Nosotros ni ponemos ni quitamos rey, pero venimos informando desde hace semanas (quizás meses) de una web de curioso nombre (‘afectadosporluismontoyaywikiluis) que pide a quienes se hayan visto afectados por este tipo de comportamientos, principalmente protagonizados por la persona que da nombre a la página, pero también por otros, que lo cuenten, que lo hagan público.

Y pasadas las semanas, han comenzado a llegar historias, de momento la verdad es que no muchas, pero ciertamente escalofriantes, en caso de que sean verdaderas. Y una de esas historias que ha llegado no es nueva (http://afectadosporluismontoyaywikiluis.com/luis-montoya-protagonista-en-el-libro-pedro-j-ramirez-al-desnudo/), sino que está reflejada en uno de los capítulos del libro de José Díaz Herrera ‘Pedro J. Ramírez al desnudo’, en el que aparece el tal Luis Montoya retratado como “presunto chantajista que utilizaba a los redactores para llenar las páginas de información de los pueblos, mientras ellos hacían la portada y elaboraban los titulares de las principales noticias de acuerdo con el dinero que manejaba la persona o grupo al que iban a extorsionar, a pesar de las buenas intenciones que mostraron en octubre de 2005, cuando se presentaron a la opinión pública en Almería”.

Entre los testimonios que relata, está uno que atribuye a Rafael Hernando, diputado nacional del PP por Almería, que asegura, entre otras cosas, que “se dedican a dar sablazos a significados miembros del empresariado almeriense, desde marmolistas a constructores. A los que no pagaban, palo y tentetieso. A nosotros –decía el responsable del sector del mármol-, nos vinieron con una inspección de Hacienda y nos dijeron: o nos dais tanto o la hacemos pública”.

El testimonio es verdaderamente fuerte, aunque lleva ya tiempo publicado en este libro. Lo que parece es que se ha desatado cierta corriente en favor de hacer públicos este tipo de comportamientos relacionados con el oficio de contar cosas. Serán ciertos o no, porque en estas cosas nadie puede fiarse de nadie, pero empiezan a acumularse los relatos de este tipo acerca de las mismas personas. Si no es cierto, habrá que perseguir a quien los difunde; si lo es, es necesario profundizar y que todo se conozca públicamente. Lo seguiremos de cerca, porque el tema es caliente y apasionante.

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