Los nudistas y el tren turístico de Vera

Tomás López · Almería

310715

Que el ser humano no destaca precisamente por su tolerancia no es ningún secreto. Noticias que lo demuestran encontramos cada día al abrir las páginas de los diarios o girar el dial de la radio.

En Almería, en concreto en Vera, acabamos de ser testigos de una más. El Ayuntamiento de esta bella localidad costera se ha visto obligado a cambiar el itinerario del tren turístico, que pasaba por la zona naturista y ello era aprovechado por algunos de quienes viajaban en tal convoy para “jalear e insultar” a los nudistas.

En esto del nudismo para como con tantas cosas: es habitual que quienes no gustan de su práctica se ofendan porque haya otros vecinos que sí lo practiquen.

Ya se sabe que el difuso límite de la libertad suele fijarse justo donde empieza la de los demás y, en este caso, el litigio está en definir si hay personas que tienen derecho a ir desnudas en zonas en las que previamente se avisa de que se da este fenómeno o si triunfa más bien el derecho de otras a no ver a nadie tal y como vino al mundo.

Nuestra visión está más bien con la idea de que nadie debe sentirse realmente ofendido ni agredido por ver a otro congénere sin la protección textil socialmente aceptada e impuesta, especialmente si el encuentro se produce en un área delimitada para practicar el nudismo. Sin embargo, si a los nudistas se les priva incluso de estos espacios para sus prácticas, efectivamente se les estará vulnerando un derecho.

En todo caso, disquisiciones y discusiones al margen, lo que parece evidente es que la manera de resolver las cuitas no es con jaleos e insultos desde un tren turístico. Uno se pregunta qué clase de turistas son los que de repente se ven montados en este tipo de artilugios y, en lugar de disfrutar del paisaje, se dedican a lanzar improperios a quienes en nada se han metido con ellos.

La prudencia del Ayuntamiento ha solucionado el problema: en realidad, ni a los unos les hacía falta ver ‘en porretas’ a los otros para insultarles ni a los otros les beneficiaba en nada que el tren turístico pasara por su ‘hábitat natural’.

En definitiva, la prudencia se ha impuesto al respeto, algo que tampoco nos va a extrañar en absoluto a estas alturas, tratándose de seres humanos.

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