Los ilusos y la inmigración: un drama que nos afecta a todos

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 260814

La lectura de la prensa de hoy es auténticamente desoladora; al menos eso nos parece a nosotros, aquí en Almería Al Día. Ayer llegaron 23 inmigrantes al Puerto de Almería, entre ellos un niño y una mujer embarazada; mientras tanto, en la zona de Balanegra se buscaba a una patera con otro grupo amplio de personas procedentes del Norte de África.

Digo personas y subrayo personas, gente con familia, con ilusiones, con una desesperación tal que las hace capaces de lanzarse al mar en una barcucha de mala muerte y, sobre todo, con necesidad, con mucha necesidad.

Hasta hace poco tiempo, en España, en Europa, pensábamos, o algunos pensaban que lo que estaba ocurriendo en África, en África se quedaría. Ilusos. Se pensaba que el hecho de tener, a unos cuantos kilómetros al sur, una macro concentración de personas que no sólo pasan hambre, sino que además reciben todos los días informaciones, unas más reales que otras, acerca de que ‘cruzando el charco’ pueden encontrar el paraíso, era algo sostenible, que aquello se quedaría allí para siempre y que a nosotros no nos afectaría más allá del hecho de alguna que otra imagen desagradable en el noticiero de mediodía. Ilusos y más ilusos.

Era cuestión de tiempo que aquellas gentes se cansaran de morir de hambre, de ver morir a sus hijos y a sus padres y se lanzaran a intentar lo que fuera para poder salir de una situación a la que están injustamente condenados, simplemente por el hecho de haber nacido unos kilómetros más al sur.

Y entonces empezaron a llover pateras en Alborán y cayucos en las Canarias. Y todavía pensamos que esto es todo lo que puede pasar, porque seguimos siendo ilusos. Porque en nuestras cabezas occidentales y norteñas no se entiende bien la idea del hambre, de la muerte por inanición, de la deshidratación o la desnutrición. Nosotros no comprendemos lo que significa que una criatura de pocos años muera en brazos de su madre porque ésta no es capaz de ofrecerle un poco de alimento. Escapa a nuestro entendimiento. Incluso a veces creemos entenderlo, pero no es verdad.

No alcanzamos a entender que cualquiera haría lo que fuera por no llegar a ese final. Y ellos, los que están ahí abajo, lo van a hacer. Porque, además, saben que no es justo. Y no lo es. Y mientras nosotros, aquí arriba, no hacemos nada por solucionar un problema que creemos que no va con nosotros, poco a poco iremos sintiendo un poco más las incomodidades de ese problema; hasta que entendamos que ese problema no es su problema, sino que es, también, nuestro problema.

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