Los 1.000 del mitin

José María Sánchez Cañabate · Almería

 170616

Es curioso el fenómeno Podemos. Hay ahí afuera un grupo de personas que, pase lo que pase, hagan lo que hagan, metan las patas que metan, se les demuestren las mentiras que se les demuestren y reflejen en su programa las barbaridades que reflejen, siempre justifican lo que hace Podemos y les muestran su apoyo.

Es aquello tan viejo en el periodismo de “no dejes que la realidad te estropee una buena noticia”, en este caso, “no dejes que la realidad te estropee una buena adhesión política”. Para este ejército, esta especie de secta, todo lo que hagan o digan los líderes de Podemos es sagrado; no hay vuelta de hoja.

Y en esa línea, la visita de Pablo Iglesias, Echenique y compañía a Almería, anteayer, se ha vendido como un rotundo éxito de público, después de meter a 500 seguidores en el Teatro Cervantes y dejar a otros 500 esperando en la puerta. Si no fallan las cuentas, 1.000 asistentes al mitin, lo cual no deja de ser una cifra bastante mediocre, normalita se podría decir, tratándose del candidato a la presidencia del Gobierno que, además, ha venido muy poco por Almería.

Mil personas en un mitin las meten los partidos llamados tradicionales con una facilidad tremenda, sin despeinarse. Sin embargo, el ejército mediático y de redes sociales de Podemos se ha lanzado a otra espectacular acción de auto-propaganda para ‘vender’ tal evento como el mitin de todos los mítines, como algo que no hubiera sucedido nunca.

La realidad es que el candidato de Podemos a presidir España sólo logró congregar a mil personas en su gran mitin en Almería.

Y como esto, todo: que va a haber sueldos de 900 euros para todos, pues se lo creen y lo defienden a pies juntillas; que nos amenazan con requisar las segundas viviendas a los ciudadanos para dárselas a quienes no tienen, pues se defiende tal barbaridad que quiebra el derecho básico a la propiedad privada; que aseguran que mejorarán el empleo con más puestos públicos sin decir de dónde saldrá el dinero, pues se lo creen también; que miran para otro lado cuando se les pregunta si su modelo es Grecia o Venezuela, si condenan el terrorismo islamista o el de ETA o si están por la independencia de Cataluña, pues también se defienden tales posturas.

Está claro que los mil del mitin, o buena parte de ellos, pese a ser muy pocos, están poseídos, abducidos por una especie de secta que les hace perder el criterio propio y repetir como un mantra todo lo que dicen sus líderes. Son los mil del mitin.

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