Lluvia y Twitter

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 211015

Llovió ayer, sí; y va a seguir lloviendo hoy. Ya hemos hablado en alguna ocasión sobre esto: sobre la lluvia, sobre los pitotes que se forman cuando llueve en Almería, sobre lo poco preparados que estamos TODOS para la lluvia: la ciudad, el campo, las personas que nos volvemos locos y queremos ir en coche hasta a comprar el pan y, en general, todo.

Uno de los hechos más naturales del mundo, uno de los acontecimientos más comunes y necesarios de la naturaleza, el que caiga de la naturaleza, aquí en Almería, posiblemente por la falta de costumbre, nos vuelve casi locos a todos.

El tráfico se pone infernal porque saca el coche todo el mundo que nunca lo saca si no llueve, las calles se convierten en ríos porque las infraestructuras no están preparadas, nos ponemos de mala leche porque parece que nos molesta que llueva, en el campo las cosechas tiemblan porque tampoco están preparadas para la lluvia si ésta es más fuerte de lo habitual, muchas carreteras aparecen atravesadas por ramblas porque tampoco hemos sabido encauzar sus cauces de manera conveniente y, en general, hay una cierta sensación de que nada funciona. Bueno, sólo una cosa funciona: que se come migas por los cuatro costados; eso sí es matemático y prácticamente infalible.

Ayer se activó el Plan de Emergencias, que sirvió para que las varias que hubo no llegaran a mayores, aunque el caos se apoderó de muchas zonas, principalmente en El Ejido y Almería capital.

Y precisamente en la capital asistimos a un cruce de palabras en Twitter entre varios ciudadanos y el alcalde. Éste no tuvo, la verdad, demasiada cintura y en determinados momentos fue menos diplomático de lo que se recomienda en estos casos, aunque la realidad es que las quejas también eran en ocasiones un poco de Perogrullo.

Es lo que tienen las redes sociales, que siempre se puede culpar al alcalde de una ciudad, al ministro o al Papa de que llueve, de que las calles se mojan, de que algunas se convierten en ríos y de que el tráfico es una porquería insoportable. Y al político, no le queda otra que tragar. Tragar lo que no tragan las alcantarillas, en esos malditos días.

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