Ashal y las terrazas de los bares de Almería

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 110815

Se ha dirigido Ashal, la Asociación de Hosteleros de Almería, al Ayuntamiento para pedir un poquito más de apoyo en el desarrollo de la actividad de los bares, restaurantes y similares en la capital. Se ha dirigido al Ayuntamiento un poco tarde, quizás, pero al menos habrá que ver si obtiene resultados.

Pretende Ashal, en representación de los hostelero de Almería, que el Ayuntamiento permita que haya terrazas durante todo el año y no sólo entre los meses de mayo y octubre, que esas terrazas se pueda colocar césped artificial, que se puedan colocar televisiones y también que sea más sencillo organizar conciertos y actuaciones en los establecimientos de la ciudad, puesto que resulta bastante paradójico y para ellos injusto que haya asociaciones y otro tipo de organizaciones que sí puedan hacerlo en sus sedes, mientras que los establecimientos que pagan impuestos para estar abiertos al público no puedan.

Realmente no acabo de entender nunca por qué las administraciones se empeñan en entorpecer tanto la labor de las empresas privadas cuya actividad, entre otras cosas, sirve para que la gente salga a la calle, mueva el dinero, cree ambiente, llame al turismo y además para que se creen y mantengan puestos de trabajo.

Es como si el hecho de tener abierto un negocio convirtiera al promotor del mismo en una especie de sospechoso habitual al que hay que controlar y dificultar su labor todo lo posible, no sea que un buen día se confunda y gane algo de dinero con su negocio.

Gente que, hay que recordarlo, no sólo paga impuestos sino que además arriesga su dinero, en ocasiones incluso su patrimonio personal y sus viviendas, para montar un negocio que, en caso de ir bien, servirá para que diversas familias tengan sustento gracias a un empleo y, en caso de ir mal, tiene muchas posibilidades de suponer la ruina para el dueño.

Sólo hay una cuestión que creo que habría que cuidar: que el negocio en cuestión no suponga un perjuicio para los vecinos de alrededor, es decir, que no signifique que los vecinos no puedan acceder a sus viviendas por la ocupación que el negocio hace de la vía pública, que el ruido imposibilite la vida normal de la vecindad y ese tipo de cuestiones.

Pero salvaguardando tales condiciones, creo que el papel, digo más, la obligación de todo ayuntamiento, de toda administración, debería ser fomentar el negocio y no ponerle cortapisas. De lo contrario, un mal día la propia administración se puede encontrar no sólo que no haya empresas que le paguen los impuestos, sino que todos los ciudadanos miren hacia ella para que les dé trabajo. El riesgo es importante, digo yo.

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