¿Ladrones de lluvia?

Tomás López · Almería

 271014

La historia es casi de ciencia ficción, de ésas que nos hacen dudar porque, de ser cierta, no sabríamos casi dónde meternos. Nos contaban ayer en Diario Ideal (http://www.ideal.es/almeria/provincia-almeria/201410/26/roban-corrompen-nuestra-lluvia-20141025233800-v.html) que empieza a ver algo parecido a pruebas concluyentes que apuntan a que hay quien lleva años, décadas, poniendo en práctica estrategias para conseguir que la lluvia no se descargue en determinados puntos del mundo, en este caso, en Almería.

De cuando éramos niños recordamos lo que parecían leyendas negras acerca de que, cuando las nubes aparecían en nuestros cielos, llegaban acompañadas por avionetas que provocaban, de alguna manera indeterminada, conseguían que éstas no descargasen la lluvia sobre nuestra tierra.

En este reportaje, incluso puede leerse el nombre de una empresa presuntamente especializada en vuelos para evitar que llegue la lluvia, se habla del yoduro de plata y la acetona como sustancias que se emplean para conseguir este fin e incluso se pone sobre la mesa la posibilidad de envenenamientos por motivos de estas prácticas.

Como digo, todo esto de momento suena a ciencia ficción, aunque el texto de Ideal lanza nombres propios, nombres de empresas e incluso algún estudio científico al respecto. Pero incluso aunque todo esto no fuesen más que especulaciones, realmente como ciudadano me planteo la necesidad de que las autoridades tomen cartas en el asunto para investigar qué hay de cierto en todo ello y, sobre todo, para poner en práctica medidas en caso de que existiese la más pequeña posibilidad de veracidad en estas historias.

Porque no hace siquiera falta llegar al último párrafo del artículo al que nos referimos, donde se teme esa posibilidad de envenenamientos, sino que el simple hecho de que haya quien se permita el lujo de modificar los ciclos normales y naturales de la lluvia con fines privados me parece no sólo un disparate, sino un abuso absolutamente intolerable.

¿Os imagináis una guerra química, física o de cualquier otra índole entre quienes son partidarios de que no llueva y quienes necesitan que caiga agua, por ejemplo, para asegurar el riego de los cultivos? ¿Podéis pensar por un momento en nuestros cielos sembrados de pelea entre las aeronaves de unos y de otros?

En fin, como en otros muchos casos, no nos tranquiliza que el presente haya atrapado al futuro, porque parece que en el transcurso del tiempo que hemos tardado en conseguirlo, el hombre ha trabajado más para degradarse a sí mismo que para progresar. Afortunadamente, el progreso también nos trae muchas cosas buenas, pero no deberíamos bajar la guardia para evitar este tipo de barbaridades que determinados sujetos podrían estar poniendo en práctica.

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