Laboratorios de ideas

José María Sánchez Cañabate  · Almería

 250314

A estas horas, los periódicos almerienses, en su versión digital, ya informan acerca de la última novedad del PSOE de la provincia: la presentación de su ‘laboratorio de ideas’, un grupo de personas próximas al partido, en su mayoría licenciados en Ciencias Políticas, cuya función fundamental será la de  conectar más el partido con la sociedad.

El secretario provincial del partido, José Luis Sánchez Teruel, has sido el encargado de hacer los honores y ha subrayado también que este grupo de ‘ideólogos’ tendrán una característica en común: la de no cobrar por lo que hacen; algo que se ha puesto muy de moda con esto de la crisis y que parece un mérito, aunque por otro lado también podría verse como una perversión, puesto que se realizan tareas sin movimiento económico, lo cual no ayuda mucho a que los profesionales encuentren trabajos remunerados; aunque ésa es otra historia.

De una forma u otra, llama la atención esto de ‘conectar el partido con la sociedad’, lo cual quiere decir que , en este momento, este partido (y quizás otros) se percatan de que existe cierta desconexión, mayor o menor en función de qué casos y de la perspicacia de sus responsables en detectar estas cosas.

Así pues, convendremos en que los partidos políticos y, al menos, cierta parte de la sociedad, se han distanciado. No resulta sorprendente que no pocos ciudadanos entrevistados sobre el fallecimiento de Adolfo Suárez hayan dirigido su reflexión directamente a la comparativa del primer jefe de gobierno de la Democracia española con respecto a los políticos actuales, de la que, por cierto, éstos no salen demasiado bien parados.

Sin duda, los políticos andan todo el día preguntándose cuáles son los motivos de ese distanciamiento con los ciudadanos, o sería mejor decir con parte de los ciudadanos, seguramente con aquellos que hacen más ‘ruido’ (puesto que los que siguen creyendo en nuestros representantes no salen a la calle cada día para expresarlo).

La palabra corrupción se une continuamente al término ‘político’ a pesar de que más o menos todo el mundo sabe que el porcentaje de políticos corruptos es muy pequeño. Es como un derecho al pataleo, como eso tan típicamente español de quejarse por todo sin poner ningún remedio. Pero es. Y las consecuencias pueden ser impredecibles, puesto que esta corriente, todavía minoritaria en la sociedad española (aunque muy ruidosa) no sólo atenta contra los políticos, sino también contra la esencia de la propia democracia, de esta monarquía parlamentaria de la que disfrutamos desde hace más de tres décadas, tras cuatro de dictadura.

El cuestionamiento de la monarquía, del sistema electoral, de la ley y de todos los pilares básicos del sistema van más allá de que se considere o no adecuados a los políticos que nos representan. Es por ello que no está mal que el político se preocupe por estar conectado con la sociedad, entre otras cosas porque es a ella a la que representa. Anteriores experimentos en este sentido se han quedado en menos que nada. Sin embargo, que se siga intentando no es mala cosa. Al contrario.

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