La vergüenza de El Algarrobico

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 190216

Vergüenza y Algarrobico son dos palabras que han venido conviviendo juntas desde hace muchos años. Hemos visto, en todo este tiempo, a desaforados ecologistas utilizar términos como vergüenza, aberración, brutalidad, burrada o barbaridad para definir la construcción de este hotel, que estaba destinado a relanzar a Carboneras a la costa almeriense como zona turística y a crear miles de empleos directos e indirectos.

Todos esos calificativos me cuadran perfectamente para lo que va a ocurrir a partir de ahora, con la declaración del Supremo de zona no urbanizable para el terreno sobre el que se levantó el hotel. Es una absoluta vergüenza que todos se enteren ahora de que ese suelo era no urbanizable, es una vergüenza que sea ahora, con el hotel ya levantado casi por completo, cuando se declare ilegal y se pida su demolición; que los españoles nos gastemos muchos millones de euros para derribarlo en lugar de usar ese dinero para construir cosas; que Almería no tenga derecho a tener algo como El Algarrobico, como lo tienen otras tantas provincias en sus costas, pero multiplicado por diez o por cien.

Ayer, el consejero de la Junta de Andalucía mostró su satisfacción por la sentencia del Supremo y empezó a hablar de demolición. Lo que no aclaró fue de dónde va a salir el dinero para tal barbaridad, para tal vergüenza; lo que no aclaró es a quién de las diferentes instituciones que miraron para otro lado mientras se levantaba, incluyendo la propia Junta, se va a inculpar y a condenar por haber permitido que se llegara hasta aquí; y tampoco nos ha contado en qué se va a colocar a los miles de personas que iban a trabajar en este proyecto turístico.

Una gran vergüenza. Una vergüenza una vez más impulsada por esos profesionales de la manipulación que son los que componen el movimiento ecologista, que viven y subsisten de crear problemas medioambientales que no existen y mantenerlos durante años. Ahora, las hordas de ecologistas profesionales (viven de eso) tendrán que trasladarse a otro lado, una vez que hayan conseguido su objetivo.

Tendrán que buscar otra vergüenza, otra barbaridad, otra aberración que les dé de comer durante años como ha ocurrido con El Algarrobico. Se irán de Carboneras y de Almería en busca de nuevos horizontes, nuevas vergüenzas y nuevas fuentes de ingresos. Aquí se quedarán Carboneras y los carboneros, Almería y los almerienses, sin un recurso de creación de valor, empleo y llegada de turistas, con lo que ello supone de mejora de la economía local.

Posiblemente sea la historia de Almería, la de una provincia que se ha rendido a los ‘telepredicadores’ de todos los tiempos y temáticas, que se ha entregado apasionadamente a los charlatanes de feria que por aquí han pasado y se lo han llevado muerto por mil y una razones, con mil y una excusas.

Ayer, el Tribunal Supremo, tras múltiples dictámenes judiciales de signo contrario y contradictorio, perpetró una gran vergüenza. No aprendemos, en Almería.

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