La valla de Mónsul y Genoveses

Tomás López (foto La Voz) · Almería

 230614

Hemos de confesar que estamos un poco perdidos con el tema de la valla que, cuando llegan los calores, restringe el paso de visitantes a las calas de Mónsul y Genoveses, en el Parque Natural Cabo de Gata Níjar. Un poco perdidos porque el choque de intereses va, en esto, más allá de una mera batalla política de las de siempre, ya que hay en juego más visiones y mucho más variadas.

La historia se basa en que, desde hace algunas campañas estivales, la Consejería de Medio Ambiente limita el acceso de vehículos a los que caben en las 400 plazas de aparcamiento que han sido habilitadas junto a las mencionadas playas y lo hace a través de una barrera que, para ser flanqueada, obliga al visitante a pagar cinco euros, tanto si se va a estar cinco minutos en la playa como si se va a estar el día entero. Como complemento a todo esto, hay un servicio de autobuses cómodo, limpio y sostenible, que te lleva desde San José a estas calas con el coste de un euro.

La medida crea polémica cada año, puesto que hay quien piensa que está muy bien esto de delimitar el acceso y el disfrute de las maravillas de nuestra naturaleza para protegerla de posibles excesos y, en general, de la presencia del ser humano, que no siempre es tan humano; y por otro lado están los que opinan que quién es nadie para prohibir la libre circulación por parte del territorio español, al tiempo que para complicar de tal manera el disfrute de unas playas que son una maravilla. En esto último, en lo de la maravilla, coinciden todos, unos y otros.

Actores en esta polémica cíclica anual son también el Ayuntamiento, que ha de defender el derecho de los nijareños a disfrutar de sus propias playas y de los comerciantes del lugar de sacar el máximo partido al verano y al mismo tiempo debe proteger sus tesoros naturales; y también los propios empresarios locales, algunos de ellos bastante molestos con que esta medida se repita todos los años, porque, entre otras cosas y como consecuencias colaterales, supone que los turistas y visitantes se olviden de volver a mediodía a San José para comer, puesto que el regreso a las playas por la tarde volvería a costarle otros cinco euros, que ya serían diez con los cinco de la mañana.

Y por supuesto, no hay que olvidar a los grupos ecologistas, siempre atentos y agazapados ante cualquier asunto de este cariz, para cobrarse su acostumbrada cuota de protagonismo, que en realidad, es de eso de lo que subsisten.

En definitiva, echen un vistazo al puzzle de intereses, denle un rato a la cabeza, si pueden visiten la zona y luego ya podrán extraer su propia opinión al respecto.

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