La transparencia: ese cuento chino

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 310117

Disfruté mucho, ayer, con el pleno de los presupuestos en la capital; en especial con el punto en el que el concejal de Ciudadanos, Miguel Cazorla, llamó la atención del equipo de gobierno por el retraso en la aprobación de determinadas actas.

Hasta nueve meses de retraso se lleva en ello. Pero lo que realmente me hizo gozar su fue la explicación del concejal de Alcaldía, Manuel Guzmán, que relató que la culpa es de los procedimientos de transparencia, que han provocado que se alargue el procedimiento de contratación de los recursos tecnológicos para aprobar dichas actas.

Y no le falta razón a Guzmán. Es más, se quedó corto el concejal. Yo iré un poco más allá. La transparencia es un bulo, una moda, un cuento chino que está en la esencia de la propia política. Ahora a todos les ha dado por la transparencia, los portales de transparencia e incluso hay ayuntamientos que han nombrado a concejales de transparencia.

Así nos luce el pelo. Pero, realmente, ¿qué es la transparencia? Pues es muy sencillo y así lo voy a intentar explicar: la transparencia es un pestiño que se han inventado los políticos para hacer creer al ciudadano que se cumple más la ley y para que, presuntamente, los ciudadanos nos enteremos de todo lo que pasa en un consistorio.

Pero eso sí, como muy bien dio a entender Guzmán ayer, la transparencia también tiene sus problemillas, porque por ejemplo hace que para contratar cualquier servicio, incluso los paquetes de folios que se adquieren en un ayuntamiento, haya que pedir múltiples ofertas, convocar comisiones de seguimiento y contratación, que comparan la calidad de los folios, los precios y la bondad de cada oferta.

Y eso con los folios puede ser más o menos sencillos, pero cuando se trata de comprobar la calidad del papel higiénico, la cosa empieza a complicarse.

Y no te digo nada cuando lo que se trata es de contratar a un artista que va a exponer sus cuadros. En teoría, también hay que pedir tres presupuestos, ver qué artista es más barato y sopesar la balanza de la calidad-precio entre los tres.

En definitiva, que nos hemos vuelto todos gilipollas, que en los ayuntamientos se ha instalado un idiotismo que está haciendo imposible que nada funcione, un afán de decirle ‘sí bwana’ a los ciudadanos a todo, a cualquier imbecilidad, y sobre todo, un absentismo de los políticos de sus responsabilidades, ante el temor de firmar algo inconveniente y terminar entre rejas, como algunos compañeros suyos.

 Total, que ante el canguelo de los políticos, nos están gobernando los secretarios y los interventores de los ayuntamientos, ante los que parece que esta casta sociedad tiene mucha más confianza que frente a los políticos, pero que tienen un defectillo: conocen muy bien la ley, pero no los hemos elegido democráticamente.

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