La Plaza (más) Vieja

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 281213

No es una inocentada, no. El convenio que firmaron el Ayuntamiento de Almería y la Junta de Andalucía, por el cual se comprometían a sufragar al 50% la obra de la Plaza Vieja de Almería, por valor de seis millones de euros entre ambas administraciones, data del año… ¡2008!

Y desde entonces, la fachada principal de la Casa Consistorial de Almería, la casa del pueblo, la instalación de la que ha de emanar el gobierno municipal y la gestión de la ciudad, ha estado y sigue estando adornada por una lona de enormes proporciones que tapa la vergüenza de un edificio en ruinas, que se cae a pedazos y que hubo de ser desalojado años atrás porque los cascotes les caían encima a los funcionarios, a los ciudadanos de visita y ¡a los concejales! (que no es que se lo hayan contado, sino que lo vivieron ellos mismos).

Pues sí. Pasados los años, ahí sigue el Ayuntamiento de Almería (con mayúscula), con la mitad de sus instalaciones remodeladas y con un moderno y funcional aspecto y la otra mitad en riesgo de ser calificadas como bien cultural… y prehistórico.

Subyacen dos problemas en esta historia, ambos intrínsecos a buena parte de la clase política: por un lado, esa manía de pensar que los ciudadanos nacieron todos ayer y que no tienen problemas en tragarse argumentos como eso de que ha sido la crisis económica la que ha provocado el retraso en la búsqueda de fondos por parte de la Junta de Andalucía; y por otro, el tratamiento de los proyectos, las tareas pendientes y las obligaciones institucionales como aquello que decía no hace mucho una insigne ministra del gobierno español sobre el dinero público: que no es de nadie. No estaría mal que quienes tienen la obligación de buscar el dinero (mejor dicho, consignar, porque el dinero está, aunque se gasta para otras cosas) e impulsar el inicio del trabajo se comporten tal y como fuera una obra en el salón de sus flamantes casas. Seguramente, de ser así, hoy día Almería tendría un edificio consistorial a su altura.

La historia, que ya apesta por pudrición, no es sino la de la eterna confrontación entre partidos políticos: a nadie se le escapa que si en el Ayuntamiento de Almería gobernara el mismo partido que en la Junta de Andalucía, el dinero hubiera aparecido como por arte de ‘birlibirloque’; y que es fundamentalmente la diferencia de colores políticos la que hace que las piedras sigan cayéndose en el interior de la casa de la ciudadanía.

No entraremos a juzgar si ha hecho o no bien el alcalde de Almería, en colocar dos enormes pancartas a ambos lados de la fachada consistorial en la que reza ‘Obra paralizada por la Junta de Andalucía’. El juicio al respecto es mejor que salga de cada lector. Hay quien dice que es un comportamiento ridículo y alejado de las pautas institucionales, mientras otros piensan que, después de cinco años de espera, ya está bien de protocolos, formas, respetos institucionales y otras zarandajas varias.

Mientras tanto, tras cinco años de convenio y otros tantos de ruina, la Plaza Vieja es ya la Plaza ‘más’ Vieja de España. Y subiendo.

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