La moción de Roquetas

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 140915

La más reciente historia de la política española está repleta de representantes políticos e institucionales que son acusados impunemente de corrupción. También está llena de señores que han usado la política para trincar, para favorecer a sus amigos y familiares y también para dar cobijo económico a sus propios partidos.

Y por encima de todo esto, pero muy por encima, está llena sobre todo de tipos que han pasado por la política y por las instituciones tratando de hacer lo mejor para el bien común, sacrificando parte de sus familias, de su tiempo y de su vida trabajando por sus pueblos, por sus comunidades, por su país y por la sociedad en la que viven.

Dicho esto, pienso, y lo he dicho en varias ocasiones, que en este país se respeta muy poco al político, acaso por ese mal tan generalizado de generalizar; es decir, por querer enjuiciar a todos bajo el prisma de quienes han chorizado, que son muchos, pero siguen siendo una minoría.

Principalmente, en mi opinión los principales culpables de ello y de la mala imagen que existe del político la tienen los propios políticos, que se han esforzado en hacer que parezca que todos sus oponentes están pringados hasta las orejas. Y ello, como quiera que es practicado por todos, termina provocando que la sombra de la duda caiga sobre la totalidad.

Esta pasada semana hemos vuelto a asistir, en Almería, a un nuevo ejemplo, con el alcalde de Roquetas de Mar como protagonista. Un alcalde que, por cierto, no hace ni mes y medio que ha salido indemne de otra acusación, con terreno judicial de por medio. Ello, obviamente, no lo convierte en inocente de todo, pero sí podría suponer, para sus detractores, un cierto respeto a la hora de acusarlo de unas cosas u otras, sin poner por delante las pruebas pertinentes.

Seguramente, Izquierda Unida tenga indicios suficientes de que Gabriel Amat y Roquetas de Mar tengan algo que ver con la ‘trama Púnica’ de financiación irregular del PP. Lo que no voy a entender nunca es por qué, si es así, no se acude al organismo del que nuestra democracia se ha dotado para resolver los asuntos relacionados con las faltas a la ley, que son los tribunales de justicia.

Si en lugar de acudir a ellos lo que se hace es proclamarlo a los cuatro vientos en un pleno y difundirlo por los medios de comunicación, tiene más pinta de campaña de imagen y acto electoral que de denuncia seria de un comportamiento irregular.

Amat ha amenazado con posibles acciones judiciales por difamación: otro hecho que tampoco ayuda mucho, porque en lugar de amenazar, lo que debería hacer es practicarlas, ya que con ello estará contribuyendo a que aumente un poco el respeto sobre la propia clase política, empezando por sus propios integrantes.

Deberían aprender, los políticos, a respetar un poco más su propia imagen, sobre todo porque así estarían contribuyendo a que el común de los mortales no piense que está todo el mundo de fango hasta el cuello.

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