La luz y las eléctricas: la dictadura y la inmoralidad

Tomás López · Almería

270117

Más allá del cachondeo que nos ha traído la efervescencia informativo-energética de esta semana, en forma de descubrimiento de una chica cuyo nombre completo es Luz Cuesta Mogollón, el tema tiene bastante poca gracia.

Mientras el país que más horas de sol recibe al año, que es España, no sé si os sonará, primero castigaba y ahora directamente prohíbe a quienes quieren invertir en tecnología para aprovechar esa energía limpia y barata, los precios de la energía eléctrica se disparan cada vez que el termómetro se pone color azul, para regocijo de las compañías eléctricas cuyos consejos de administración rebosan de ex presidentes del gobierno y ex ministros, generosamente colocados tras pasar por una cómoda y restringida puerta giratoria.

Resulta curioso cómo nadie, en este país, se ha puesto en serio a tumbar una ley evidentemente anticonstitucional y, por supuesto, absolutamente inmoral, que persigue únicamente que las compañías eléctricas se forren a costa de un producto que, en el siglo XXI, evidentemente es de primerísima necesidad, como la electricidad.

Estamos ante dos problemas: el primero es que el gobierno, que debería velar por la reducción de la contaminación en los procesos de producción de electricidad y, sobre todo, debería velar por el bien y por el bolsillo de sus cuidadanos, mantiene la prohibición de que tú y yo pongamos una placa solar en casa para generar energía y consumirla.

En España se ha pasado de haber pagado a quienes generaban esa energía y la vendían a la red general, a tumbar esa ley sin previo aviso, llevando a la ruína a mucha gente, y castigar a quien pretenda hacerlo.

Pero luego hay otro problema: el de que la electricidad está pasando a ser un producto de lujo. Las redes, que las carga el diablo, se han llenado de chistes y memes. El otro día me contó un amigo que él de pequeño le tenía miedo a la oscuridad y ahora le tiene miedo a la luz. Es sólo una muestra de cómo los españoles combatimos la miseria con buen humor. Tragicómico.

El caso es que lo que ha sucedido en esta ola de frío no sólo es inmoral, sino que debería ser ilegal. El mercado no puede estar a merced de que cuatro macro compañías se pongan de acuerdo para sangrar a la ciudadanía completa.

Urge que todos los partidos se pongan de acuerdo para acabar con la dictadura de las eléctricas, para fijar precios máximos y, por supuesto, para volver a fomentar las energías renovables. Mejor hoy que mañana.

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