La historia del ladrillo y la caída de Keymare

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 250214

Nos tropezamos esta mañana, en La Voz de Almería, la noticia de que la empresa Keymare y su filial Keymur han iniciado sendos procedimientos de concurso de acreedores. La noticia no es baladí, puesto que supone la caída, utilizando el término que usan los propios  compañeros del diario almeriense, de uno de los grupos inmobiliarios más poderosos y con más propiedades en suelo de la provincia y de otras cercanas.

Keymare, a pesar de estar radicada en Murcia, fue uno de los símbolos de la construcción y sobre todo la promoción inmobiliaria en la provincia de Almería. Y además lo fue no sólo gracias a su actividad empresarial, sino a la inversión de parte de sus beneficios en otras acciones no lucrativas, como el patrocinio deportivo o una fundación sin ánimo de lucro. Además, fue accionista de la empresa Codeur junto con el Ayuntamiento de Vera, para el desarrollo de millones de metros cuadrados en el término municipal.

Fue, además, una empresa que propició miles de puestos de trabajo, en una época en la que parecía que el crecimiento no tendría fin. Y lo tuvo. Llegaron las vacas flacas y las grandes inversiones se convirtieron en pesadas losas a la espalda de empresas que fueron encontrándose huérfanas a la hora de conseguir recursos con los que afrontarlas.

Lo que resulta curioso es ese halo de satisfacción que parece producirse en determinados sectores cada vez que una de estas empresas hinca la rodilla. Es como una especie de constatación de que no se puede triunfar en la vida sin que te espere el precipicio, del “ya lo decía yo”, de reconocimiento de que el ladrillo ha sido una pesadilla para la sociedad y la economía española.

Hay otra manera de ver estos procesos, que conforma la tristeza por los puestos de trabajo perdidos, las oportunidades de desarrollo y de creación de valor que se han ido al garete, el fracaso de negocios que daban estabilidad a familias y a empresas, la ruina de gentes que han arriesgado su dinero esperando hacerlo crecer, pero de camino, creando riqueza, valor y empleo.

Sinceramente, no sé de dónde viene esa apariencia de satisfacción de determinados sectores cada vez que una empresa relacionada con la construcción o la promoción muestra públicamente sus dificultades.  Mal síntoma para una sociedad que quiere recuperarse para uno de los golpes económicos más potentes que ha sufrido en toda su historia.

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