La Feria y el comercio

José María Sánchez Cañabate · Almería

 240814

Sí, amigos, estamos de Feria. Empezó el sábado, con el pregón de un Francisco que no acabó tan bien la jornada, puesto que su equipo, nuestro equipo, la UD Almería, perdía en el último minuto dos puntos que había tenido amarrados todo el partido; continuó horas más tarde con la inauguración del recinto ferial, siguió ayer domingo con la apertura de la Feria del Mediodía y poco a poco han ido activándose todos los componentes habituales de nuestras fiestas patronales, las de la capital, las de toda la provincia, las de la Virgen del Mar.

Se ha hablado mucho sobre esta Feria y, la verdad, la gran mayoría de las opiniones son partidistas: quienes están del lado del gobierno municipal dicen que es una Feria fantástica, novedosa pero al mismo tiempo que rescata tradiciones, alegre, para todos y muy cuidada; quienes están en contra, hablan de más de lo mismo, de poca originalidad, de tintes sevillanos y de falta de ideas. En fin, nada que no se esperara.

Ya la pasada semana hablamos de Feria, pero queremos dar alguna pincelada más, entre otras cosas porque, en estos días, la actualidad parece tomarse vacaciones en Almería y todo de lo que se puede hablar gira en torno a la fiesta, que tampoco está mal, una semana al año.

Pero nuestra reflexión de hoy apunta a la oportunidad que suponen estas fiestas para impulsar nuestra economía. Y nosotros, como medio declaradamente liberal que somos, no vemos mejor forma de impulsar la economía que potenciando a las empresas. En este caso hablamos del comercio local, que lo está pasando no mal, sino rematadamente mal. Todos los días vemos negocios que cierran, locales que llevan meses y años sin lograr un traspaso, escaparates vacíos y tiendas y bares aún más vacíos, desesperados preguntándose cuándo acabará esto.

La Feria de Almería es una magnífica ocasión para potenciar las ventas, el movimiento de dinero, al fin y al cabo, la economía. Por eso, no estaría mal que éste y todos los Ayuntamientos imprimiesen a su filosofía ante las fiestas algo más de atención a los negocios, una permisividad especial en asuntos como los horarios de cierre, los volúmenes de las músicas, los tipos de ofertas permitidas, la actividad que desarrollan o las ocupaciones de la vía pública.

Hay a quien le parece que abrir la mano con todo esto es perder el control de la fiesta; a nosotros nos parece que cerrarla es dejar que pase la semana en la que muchos comercios pueden medio arreglar un año nefasto que, por desgracia, viene detrás de otro mucho peor y de muchos malos encadenados.

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