La Feria

Tomás López · Almería

190816

Ya está aquí la Feria de Almería. Bueno, casi. Esta tarde-noche es el pregón, que una vez más se mueve de sitio y se va a Las Almadrabillas, alejándose de ese centro del que tanto se llenan la boca los políticos con su potenciación, y después conciertos y actividades varias.

Y la Feria en sí, la de verdad, empieza mañana, sábado; porque el tijeratazo que le pegaron a nuestras fiestas hace unos años todavía está vigente, a pesar de que sea obvio que los almerienses necesitamos recuperar aquella Feria de diez días que era la que nos gustaba y de la que sólo se quejaban los que por todo se quejan: por el ruido y por la ausencia de él, por el movimiento y porque está todo parado, por la luz y por la oscuridad.

El caso es que nos preparamos para una semana diferente, distinta a todo el año; una semana en la que parece que todo vale, en la que las costumbres se relajan, el ocio gana al trabajo por goleada y se consume, que es algo que nos hace mucha falta a todos: a los que consumen, porque eso es alegría; y a los que venden, porque lo es aún más.

Una Feria, la de Almería, que parece estar en permanente crisis, dicho no en sentido negativo sino como sinónimo de cambio constante. Lo he dicho antes: ahora el pregón vuelve a moverse, para irse a Almadrabillas sin que sepamos muy bien por qué; las tradiciones no agarran porque sencillamente no se les da tiempo para ello; el Recinto Ferial no arranca porque se hizo en contra de lo que los almerienses queríamos, que era y es seguir celebrando la Feria en el centro; y el centro ha entrado en crisis porque se ha hecho todo lo posible por desviar a gente al Recinto, aunque todo apunta que no se va a conseguir.

La Feria de Almería es diferente, o al menos lo era, con sentido propio y con idiosincrasia particular. Hace falta un Recinto Ferial, qué duda cabe, pero sencillamente porque la noria y los coches de choque no caben en el Paseo. Pero todo el resto del ocio, las casetas, los bares con sus terrazas y los altavoces a todo trapo, la marcha y la convivencia en la puñetera calle, eso es patrimonio del centro de Almería.

La Feria ha entrado en crisis porque el ser y el deber ser se han enfrentado de manera notable y, de momento, no parece haber nadie que haya nadie que encuentre solución a tal desencuentro. Eso sí, la Feria sigue siendo muy grande a pesar de todo. Muy grande y muy esperada por todos.

Con todos vosotros, la Feria de Almería.

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