La difícil situación del pequeño comercio

Tomás López · Almería

211016

Para un medio de comunicación que tiene el ideario liberal entre su identificación corporativa, el hecho de que los grandes centros comerciales tengan éxito es, sin duda, una buena noticia, por cuanto significa que el mercado se ha inclinado hacia ellos y que la ciudadanía está apostando por ellos en un ejercicio de libre elección.

Sin embargo, la liberalidad no significa, en absoluto, ausencia de gobierno. De hecho, para nosotros, posiblemente el principal cometido del gobierno no es otro que el corregir las situaciones de injusticia o desequilibrio que crea el propio mercado cuando actúa de manera incontrolada.

Leíamos ayer, en prensa, que el PSOE de la capital ha pedido al gobierno que recupere la actividad del Consejo de Comercio, que colabore en impulsar el comercio tradicional del centro y que lo haga, además, a través de ayudas que vengan precisamente el abono de impuestos por parte de los grandes centros comerciales.

Y a nosotros no sólo nos parece bien, sino absolutamente necesario.

La situación del centro de la ciudad empieza a ser bastante dramática. No se puede pretender tener un centro histórico vivo, animado, con actividad y con gente cuando no se hace nada para revertir o al menos moderar la tendencia de huida masiva y sistemática hacia los centros comerciales.

Si no se hace nada para frenar esta tendencia, es inevitable pensar en un centro histórico absolutamente vacío o, lo que es peor, dejado en manos de grupos minoritarios de personas o incluso en manos de la delincuencia.

Salir por el centro un sábado por la tarde o más aún un domingo a cualquier hora del día es, hoy por hoy, practicar un auténtico paseo por el desierto. Mientras tanto, la gente se acumula, especialmente en el caso del sábado, en los centros comerciales, donde aparcar ya es una odisea y el simple hecho de pasear por sus pasillos centrales una cola en sí misma.

El centro de la ciudad debe ser obligatoriamente un punto de encuentro en el que haya actividades propiciadas por la administración y en el que los comercios vean que su actividad es rentable. Para ello, la colaboración económica de las instituciones es fundamental, pero lo es aún más otro tipo de colaboración: la que llega por la vía de la dinamización de la zona, algo que, hoy por hoy, está lejísimos de ser una realidad.

Hasta que todos no comprendamos que no se trata de un problema de los comerciantes y empresarios, sino de todos los almerienses por cuanto supone riesgo de pérdida del centro para siempre, seguramente no habrá soluciones.

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