La demagogia de los asesores

Tomás López · Almería

210317

Por algún motivo, ayer fue noticia el hecho  de que el Ayuntamiento de Almería tenga contratados el mismo número de asesores que de políticos. Ignoro si tener quince o veinte asesores es mucho o poco, pero supongo que ello dependerá con qué número se compare. Muy cerca del consistorio, no hace demasiado años se contabilizaron casi 70, aunque en aquel caso estaba bastante justificado, puesto que sólo había tres integrantes en aquel equipo de gobierno encarnado por el PAL.

En todo caso, en esto de los asesores hay una tremenda demagogia, como en muchas cosas que rodean al mundo de la política. Primero porque no se entiende en absoluto que se denominen ‘asesores’, cuando lo que hacen normalmente es sacar trabajo para adelante. Y si no, ¿a qué se dedican los responsables del gabinete de prensa, los administrativos, el responsable del área de Cultura o los asesores de grupo? No cabe duda de que no asesoran absolutamente nada, sino que son trabajadores del Ayuntamiento como otros cualesquiera.

Seguramente, la denominación obedezca a una fórmula para ‘colar’ estas contrataciones a dedo en un sistema que se basa en las oposiciones a funcionario, pero que ignora que una parte de quienes han obteniendo sus plazas de esta manera, no sacan el trabajo adelante como pretenden los diferentes equipos de gobierno, obligando a contratar a otros trabajadores así, a dedo.

Pero además, la demagogia la ostentan los propios partidos políticos, que se arrojan a la cara el número de asesores de manera continua, mirando hacia otro lado sobre los propios. En esto, los grandes maestros son los señores de Podemos, que hablaban de ‘casta’ cuando no habían tocado aún el ‘pelo’ del poder, es decir, cuando aún no tenían capacidad para tener sus propios asesores.

Ahora bien, cuando han llegado a los despachos, han sido los auténticos tenedores de todos los récords de asesores, sin vergüenza ninguna a la hora de designar para tales puestos a hermanos, maridos, cuñados y demás familia.

Y se pregunta uno: ¿no sería más sencillo y productivo dejarse de asesores, integrar en el sistema la capacidad de que quienes gobiernan pudieran contratar a un número, concreto y fijo, de profesionales que respondan a los perfiles que consideran necesarios para gobernar de la manera que crean más oportuna y efectiva y dejarse de tantos rodeos y poses? Y si lo que pasa es que no nos fiamos de que ello sea una agencia de colocación de familiares, regúlense barreras y cortafuegos para la familia e incluso de los propios partidos, porque es ahí donde está el gran problema: en que esos puestos de ‘asesores’ están ya al 100% reservados para miembros del partido en el poder y allegados varios.

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