Inseguridad

Álvaro Fuentes Soler · Almería

 030216

Inseguridad; y no sólo por los terremotos. Los que tenemos la costumbre de echarle todos los días un vistazo a la prensa del día, hemos podido ver, en las últimas semanas, diversas noticias relacionadas con la inseguridad ciudadana que, a tenor de lo leído, parece ir a más.

Hemos podido leer testimonios de padres y madres de jóvenes y niños almerienses que se han quejado de atracos, intimidaciones e incluso de asuntos relacionados con el tráfico de drogas en plena Rambla de la capital. Mientras, un conocido establecimiento en el centro de la ciudad (Lamarca) ha sufrido uno de ésos llamados ‘alunizajes’ (vamos, que una furgoneta ha entrado por uno de esos escaparates para marcharse luego cargada de jamones) y, en el Levante, los vecinos de Níjar se concentran para protestar contra una auténtica oleada de robos y entradas con aviesas intenciones de los amigos de lo ajeno en los domicilios de la zona, mientras la Junta Local de Seguridad pide refuerzos de Guardia Civil.

Estamos hablando de algo tan antiguo como la vida misma: robos, violencia, gente que se busca la vida como puede y otros que disfrutan dando por el saco los ha habido siempre en todas partes y aquí también.

Sin embargo, por estas noticias o quizás sin que tenga que ver con ellas, a uno le da cierta impresión de que va haciendo falta hacer algo diferente, ante situaciones diferentes, especialmente en zonas rurales, donde la seguridad de los ciudadanos está cada día más complicada.

Tanto en el Levante como en el Poniente, nuestra tierra respira por los pulmones de la agricultura y es necesario sentar las bases de una seguridad que hoy por hoy, seamos sinceros, no existe.

Nuestras fincas, las fincas de nuestra gente, están a expensas de la actuación de la delincuencia y los testimonios que leemos en la prensa de las víctimas de esta oleada de robos en Níjar es dantesca, con domicilios profanados incluso con gentes en su interior e incluso alguna actuación con arma de fuego.

La administración, las administraciones, no pueden permanecer ajenas a esta realidad y han de orquestar medidas que, necesariamente, pasan por la colaboración institucional, por reforzamiento de las medidas de seguridad y por una nueva organización de la sociedad civil, incluyendo la concienciación y la educación, que por cierto, sigue siendo nefasta y cada día está más orientada a provocar guetos y a separar a las diferentes culturas que se entremezclan en nuestro territorio.

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