Inclusión social

Álvaro Fuentes Soler  · Almería

 200614

Lo vemos en la prensa de hoy, en la que, al margen del protagonismo aplastante de la ceremonia de coronación, todavía hay sitio para algún tema más. En este caso, hablamos de la presentación por parte de la Junta de Andalucía a los alcaldes almerienses de su Decreto de Inclusión Social.

No es la primera vez que se aplica y, sin embargo, la sociedad urge medidas de este tipo con más asiduidad. En la presentación de ayer, se estimaba que las diferentes líneas de ayud que se van a aplicar supondrá, para Almería, un beneficio para cerca de 15.000, por medio de un presupuesto de 4,8 millones de euros, superando al anterior en 730.000 euros.

Ciertamente, hacen falta este tipo de medidas. Es verdad que se detectan indicios de que la crisis se ha detenido, de que la economía mejora, de que las cosas van a ir hacia arriba. Pero en la calle, también hay parámetros que no se mueven, que no ofrecen signos para el optimismo: el consumo no termina de animarse, las contrataciones no se incrementan demasiado y el paro sigue siendo un drama en muchas familias, al margen de que las relaciones entre inversión, emprendimiento y crédito tampoco terminan de recuperar la normalidad.

Y en esa ensalada de datos y cifras, quien sufre es el que lo tiene peor, el parado incrustado en una familia en la que nadie tiene ya trabajo, el adulto a quien ya nadie ofrece esperanzas de contratar, el autónomo que empieza a no ver más remedio que cerrar su pequeña empresa porque ya no vende casi nunca o el joven que ve imposible el mercado laboral en España.

Es bueno, aunque también imprescindible, que las autoridades, los políticos hagan un esfuerzo de imaginación y de duro trabajo para poner en práctica soluciones que verdaderamente supongan un alivio para quienes más agudamente están sufriendo la crisis.

Es necesario, sigue siendo necesario que las diferentes administraciones encuentren puntos de encuentro para trabajar por el ciudadano en general, pero también especialmente por quienes más están sufriendo, pero no con la vía fácil del subsidio y del pago por no hacer nada, sino creando estructuras para el empleo que apoyen al empresario que sea capaz y tenga ganas de crear puestos de trabajo.

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