Incendios

José María Sánchez Cañabate · Almería

290617

No ha sido ahora; hace ya semanas que se ha inaugurado oficialmente la temporada de incendios, ésa en la que la gentuza especulativa, los imprudentes, los descerebrados y los chorizos ambientales se convierten en protagonistas de los informativos, generalmente sin salir con nombre apellidos como se merecerían.

Cuando aún no se ha apagado el humo en Doñana, semanas después de que ardiera la zona del Arrecife de las Sirenas y de que se nos pusieran los pelos de punta con el fuego del Polígono San Rafael, ayer ardió la zona de San José y El Pozo de los Frailes.

Coincidiendo con este nuevo incendio, conocíamos que se ha acusado del incendio de San Rafael (Huércal) a dos menores, que no son imputables penal ni civilmente en esos hechos. ¿Casualidad? No creo en ellas.

Lo de ayer tiene toda la pinta de que no puede ser otra cosa que especulación y provocación o imprudencia descerebrada. Y ambas cosas son igual de graves y merecen, por tanto, el máximo castigo.

Nos están quemando el bosque, el campo, la tierra; y no sabemos qué hacer para evitarlo. Cada semana arden cientos de hectáreas sin que nadie tenga la llave para impedir que esta gentuza se salga con la suya o que los imbéciles que encienden fuego o tiran una colilla donde no toca, dejen de hacerlo.

Desde luego, los sinvergüenzas que provocan un incendio, con las pretensiones que sea, ésos no pueden merecer ninguna piedad. Son gente que pone en riesgo vidas de personas y animales, que quema recursos, que mata la vegetación y que asesina las ilusiones y las esperanzas de mucha gente. No sé por qué, pero me da la impresión de que ni se vigila lo suficiente ni se castiga con la dureza merecida.

Pero luego están los imbéciles, los de la colilla, los de la botella de vidrio, los de la barcaboca o la queja de un rastrojo. Ésos, de verdad lo pienso, no merecen menos castigo. Porque sólo un ermitaño ignora el tremendo daño que todo esto produce, ya que estamos todos los días viéndolo y escuchándolo en los medios de comunicación.

Hasta que las penas para unos y otros no se endurezcan de manera radical, será difícil luchar contra esta lacra y tendremos que seguir desalojando a personas y animales (ayer caballos en El Sotillo) para satisfacer la especulación o la imbecilidad de grandísimos tarugos, como los de ayer, los de hace una semana y los de siempre.

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