Impuestos municipales: el gran dilema

Tomás López · Almería

 280814

Vuelvo de mis vacaciones estivales encantado de reencontrarme con todos ustedes. Y lo hago, al mismo tiempo, dándome de bruces con una noticia cuyo calado creo que pasa bastante desapercibido a la mayoría de lectores de prensa y oyentes de radio que la hayan podido captar.

Es una portada que da hoy Diario de Almería en su portada digital, en la que titula que 23 ayuntamientos de la provincia están cobrando este año el mínimo IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) posible. Se trata de los consistorios de Alcóntar, Alcudia de Monteagud, Alicún, Alsodux, Armuña de Almanzora, Bayárcal, Benitagla, Benizalón, Chercos, Chirivel, Fiñana, Los Gallardos, Líjar, Nacimiento, Santa Cruz de Marchena, Sierro, Somontín, Suflí, Tahal, Terque, Turrillas, Urrácal y Velefique.

Bueno, ¿y qué?, pueden pensar muchos. “Y mucho”, respondo yo, con permiso. Porque aquí de lo que estamos hablando es de qué modelo de ayuntamientos queremos. Dando por sentado de que el dinero no es de goma, ni tan siquiera el municipal, y que tampoco es cierto aquello de que “no es de nadie”, que tantas veces repetimos aquí en Almería Al Día, rememorando aquella célebre frase de una ministra de la pasada legislatura, sino que es de todos, habrá que hacer cuánto de ese dinero queremos sacarle al contribuyente y, en función de ello, qué nivel de inversión pueden acometer los consistorios. Y quien dice consistorios, dice cualquier otra administración que viva de los impuestos fundamentalmente.

La cosa está así: podemos optar por un modelo en el que los impuestos sean muy bajos, como los de estos municipios, con lo que, por lógica, el nivel de inversión será muy bajo; costará más trabajo mantener las calles, las fuentes y las plazas, hacer obras nuevas, ofrecer servicios y cuidar del ciudadano a nivel local. O bien podemos optar por un modelo de impuestos altos, que nos proporcionará un mayor nivel de inversión, una mayor calidad de vida basada en lo público, aunque a coste de que los ciudadanos puedan o no pagar esas exigencias de la administración. Entre ambos modelos, todas las ‘tonalidades de gris’ que ustedes quieran admitir.

Obviamente, no es baladí y, además, seguramente cada partido político, pero también cada político personalmente tendrá su opinión y su visión. Y sin duda cada ciudadano tiene también la suya. Lo que no cabe, por lógica, por aplastante lógica y razón, es pedir pagar pocos impuestos y exigir mucha inversión. Bueno, perdón: puede ser que cupiera, en el caso de que verdaderamente hubiera una buena colaboración con la empresa privada, que permitiese que ésta aportara a la sociedad, pero claro, eso tendrá que ser a cambio de algo. ¿Lo habíamos pensado?

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