Goitisolo

Tomás López (foto El País) · Almería

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Le han dado el Premio Cervantes a Juan Goitisolo y, como suele ser habitual en él, ha acogido la noticia con pose estrambótica, con ruido mediático, dando que hablar. Según declaraciones a La Voz de Almería, prefiere el de Hijo Predilecto de La Chanca y, cuando le dan premios oficiales, para él es mejor darle el pésame que la enhorabuena.

Respetable, como todo. Pero difícil de entender. Puede que para entenderlo haya que conocer al personaje algo mejor de lo que lo conozco yo; sólo de oídas; o puede que haya que tener 83 años, haber vivido lo que él ha vivido y haber recibido los palos y las loas que él han encajado.

Cuando uno recibe el Cervantes y responde así, lo primero que se nos ocurre a quienes no lo conocemos es que tiene ganas de que se hable de él aún más de lo que se hablaría normalmente a raíz de esa noticia. Cervantes hay muchos; uno cada año. Por tanto, quien ofrece esa respuesta al galardón parece querer significarse por encima de todos los que antes lo han recibido.

Ahondando un poco en sus declaraciones, se encuentra, cómo no, la referencia obligada a Podemos: “Los apoyo, puedes decirlo”, en una nueva salida de tono que nada tiene que ver con lo que nos ocupa. Parece como si hoy en día fuera imposible hacer una entrevista a nadie sin ubicarlo entre los ‘a favor’ y los ‘en contra’ de esta corriente. Los periodistas nos empeñamos en dividir al mundo en dos y muchos entrevistados disfrutan entrando a ese trapo. Inconsciencia, en mi opinión.

Pero volvamos a Goitisolo. No es fácil juzgar a los creadores, sin ser un creador; no es sencillo analizar a los genios, sin haberlo sido; no es posible entender a quienes ven el mundo desde una atalaya, cuando nuestra visión está a ras de terreno.

Goitisolo hace tiempo que ya no es un común de los mortales. Él decidió no ser uno más, a pesar de que para alcanzar tal altura utilizó precisamente la virtud de serlo. Se marchó de España, cosa que haremos muchos precisamente en el mismo momento en el que nos gobiernen quienes no creen en el sistema democrático del que nos dotamos en 1978 y que nos ha funcionado hasta que un grupo de populistas parece haber entrado en la cabeza de buena parte de nuestros paisanos para hacerles creer que el paraíso es posible. Y desde allí fuera, nos mira a todos por encima del hombro.

No es fácil juzgar a Goitisolo, a pesar de que a él sí le resulta sencillo ser el juez y parte de todo lo que le parece oportuno. En muchos de esos juicios he de reconocer que estoy de acuerdo, pero también es cierto que la globalidad de los mismos me ha servido para entender que aquel que juzga con tal facilidad, posiblemente no está en la necesaria profundidad para ser certero en sus veredictos.

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