Frío polar: lo bueno del invierno

Tomás López · Almería

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Dice la Aemet, que el fin de semana llega el invierno; que el sábado se va a dejar caer por estos lares una masa de aire polar que va a hacer que esas mangas cortas que todavía lucimos cuando noviembre está ya más cerca de su final que de su principio, esas camisas casi veraniegas que lucimos a estas alturas como si fuéramos todos de Bilbao, todo eso se va a acabar, se va a cortar pero de raíz.

Bajan las temperaturas de manera generalizada, nevará incluso en la cota de los 800 metros en determinadas zonas de la península y tampoco se descartan las lluvias. Vamos, lo que viene siendo el invierno, que todos los años nos parece una gran novedad por estas fechas, pero que lleva millones de años llegando en el mismo lugar del calendario.

No faltará quien se escandalice por este cambio radical del clima y que invoque al tan traído y llevado cambio climático para explicar un fenómeno que, quien más quien menos, llevamos décadas constatando todos los años.

Pero todas estas cosas tienen también sus beneficios. Más allá de que las tiendas y grandes almacenes podrán sacar por fin la ropa de abrigo que tienen guardada en los almacenes desde hace semanas, con el temor de que al general invierno se le hubiera olvidado venir este año, en Almería, por ejemplo, esa llegada súbita del frío se va a traducir en una desaceleración de la producción de las hortalizas y, por tanto, en una menor producción. Ello supondrá, en el medio plazo, una menor cantidad de producto en el mercado y, por tanto, según la lógica, debe conllevar un aumento del precio.

También hay otro efecto positivo que se espera en cuanto llegue el frío, que no es otro que la mejora de la calidad del aire, que con tanto calor prolongado durante meses, está ya bastante deteriorado; tanto que incluso en ciudades como Madrid ha requerido que se limite el uso de los vehículos particulares.

El caso es que viene el frío, pero el frío de verdad; no esta estación intermedia y tonta que nos tiene a todos a medio camino entre el abrigo y las bermudas, con los consiguientes resfriados que se tornan en catarros e incluso alguno termina en gripe, cama, baja y pérdida de ingresos.

 

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