Feria: paisajes y olores

José María Sánchez Cañabate · Almería

 250815

Sí señores, por si no lo habíais notado, estamos en Feria en Almería. De la Feria podemos decir muchas cosas: que conforme pasan los años empezamos a ver agotado el modelo, pero quizás los que estamos agotados somos nosotros y la Feria es más bien para quienes no han visto pasar esos años; que durante diez días parece que todo está permitido; que siempre hace mal tiempo, como se ha comprobado este fin de semana; que cuando llega, el verano se puede dar por terminado; que durante estos días es difícil trabajar en algo que no esté relacionado con la propia Feria o encontrar a alguien para un asunto que no se radique en ello; o que el dilema del recinto ferial versus el centro no va a terminar nunca.

El caso es que ya está Almería en fiestas y eso se nota. A pesar de los ímprobos esfuerzos de las autoridades, la ciudad está más sucia, fundamentalmente porque los ciudadanos, o muchos de los ciudadanos, le damos vacaciones a la urbanidad, el respeto y los comportamientos cívicos, simplemente normales.

Durante ocho días, los almerienses y visitantes sienten un irrefrenable impulso de tirar las cosas al suelo, orinar, vomitar o incluso cosas peores en aquellos lugares que, durante el resto del año, la mayoría de ellos (no todos) más o menos respetan.

Quienes no gustamos de tales comportamientos, nos preguntamos cuál sería la forma, si es que la hay, de evitar tales comportamientos que nos alejan de lo que se suele conocer como humanidad y nos acercan a los más cerdos de los animales, que no siempre tienen porqué ser los que así se denominan justamente.

Hay quien aboga por la vigilancia y el castigo, aunque es evidente que haría falta una inimaginable inversión para que todas las esquinas de la ciudad estuvieran vigiladas ante la aparición de ‘orinantes’ furtivos y otro tipo de delincuentes de la limpieza. También se aboga por la concienciación, aunque ésta ya se ha intentado de múltiples maneras, sin resultados demasiado alentadores. Y los más ‘largoplacistas’ optan por la educación desde pequeños, aunque ésta también tiene sus inconvenientes, empezando porque es posible que los más talludos no llegáramos a ver los resultados y, además, tampoco está la educación en España como para fiar demasiados objetivos a ella.

El caso es que, de un tiempo a esta parte, noto cierto conformismo con estas ‘treguas’ a la urbanidad que suelen suponer las ferias, fiestas y demás juergas civilmente autorizadas. Las autoridades rezan porque pasen pronto y los ciudadanos deciden cambiar de aires, cuando no se resignan a olores y paisajes selváticos durante lo que dura el período festivo.

¿Alguna sugerencia?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>