Fenómenos del chapuz

José María Sánchez Cañabate · Almería

 010817

El verano, esa época periodística en la que la tensión informativa disminuye su caudal, a pesar de los retrasos en las investiduras y la moda de repetir elecciones como si fueran platos de macarrones, da para que copen portadas y espacios informativos relevantes historias que, en épocas de más frío, no pasan del breve en la página 48.

Pero además, en esta época parece como si el aburrimiento venciese a la actividad normal y saltaran a la palestra las historias de los auténticos fenómenos de la chapuza, gentes que no ve más allá de su ingeniosa imaginación para mejorar su alrededor con ideas tan ‘brillantes’ como inverosímiles para el resto de los mortales.

Son las historias de esos genios que deciden que, para que no se mueva el andamio del concierto, se hacen unos agujerillos en los muros de la Alcazaba y eso queda como si fuera nuevo; o que están raros estos adornos de la Estación de Ferrocarril y más valdrá emparejarlos con masilla y cemento, no se vaya a dar cuenta la gente de que cada uno es de su padre y de su madre.

Y luego están los auténticos maestros de la chapuza, los que le andan dando vueltas a la cabeza para idear ‘ñapas’ pero en su propio beneficio.

Un grupo de éstos ha saltado a la palestra en la última semana, en concreto en el barrio de Villablanca. Allí, un grupo de okupas, ‘profesión’ también de alto calado, no han tenido otra ocurrencia que hacer un túnel para enganchar la casa cuyo alquiler no pagan a la red de abastecimiento de aguas, también para no pagar por este otro concepto.

Es lo que podríamos llamar la vida ‘flower power’, la felicidad absoluta, la ausencia de preocupaciones, de obligaciones, de complejos. Si uno necesita una casa, se mete dentro de la de otro paisano; si tiene sed, le pega un tajo a la tubería del barrio y engancha con la de la casa okupada; si te hace falta ver la tele por la noche o montarte un criadero de marihuana, a engancharse a la red eléctrica. Y así todo.

Ahora resulta que el chapuz tampoco lo afinaron mucho, puesto que su enganche a la red de agua ha provocado una avería que está suponiendo cortes de abastecimiento al resto de los vecinos del barrio, los que sí se dejan la pasta todos los meses para estar abastecidos.

Y mientras tanto, todavía hay incluso partidos políticos que defienden este estilo de vida, ‘un desalojo, una okupación’, no pagar por nada, ir cogiendo lo que cada uno necesita como si todo hubiera llovido del cielo.

Y así nos va, que nos vamos a ver todos sin trabajo, sin estudios, sin oficio ni beneficio y cazando Pokemos por el mundo, con el dinero de no sé sabe dónde saldrá. Eso sí, un buen chapuz que no falte.

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