Felipe VI: del ‘Juancarlismo’… ¿al felipismo?

Tomás López · Almería

 190614

Hace unos días, publicábamos un artículo titulado Juan Carlos I. Era un texto en el que hablábamos de la conveniencia de reconocer lo que este señor ha hecho por España y lo que han significado las casi cuatro décadas de monarquía parlamentaria que él ha encarnado por un lado y el pueblo español por el otro, como resultado de los consensos a los que fuimos capaces de llegar para implantar un modelo de Estado sólido, duradero, eficaz y estable.

Hoy toca el turno de su hijo, que desde ayer es Felipe VI y esta mañana será coronado.  Será, es, un rey con mucho que aprender de su padre, pero al que se ha preparado concienzudamente, que ha sabido estar en todo momento y del que cabe esperar que lo siga haciendo, puesto que hasta hoy le ha ido bien de esta manera y a su padre, su espejo, también.

Ayer España vivió una jornada histórica y emocionante. Atrás quedan casi cuatro décadas de reinado del hombre que ha comandado la transición, que ha superado un golpe de Estado militar, que ha aunado voluntades y ha mantenido unido y en paz a un país convulso en los dos últimos siglos. Él y el resto de españoles, cierto es; pero también él.

Ayer pudimos ver un acto de total normalidad, cercano, sencillo, operativo y cálido en el traspaso de la corona de padre a hijo. Un acto que refleja cómo son ellos, el padre y el hijo, lleno de emoción, pero sin apenas boato y con un símbolo, un gesto igualmente simple, pero profundo: el de la cesión del trono de don Juan Carlos a don Felipe, de Juan Carlos a Felipe.

Hoy, nuestra prensa provincial abre unánimemente con la noticia, como lo hace el resto de la prensa española salvo extrañas excepciones. Y entre sus páginas, de la de aquí, encontramos algún testimonio interesante, como el relato de los hechos de Rafael Hernando, diputado del PP en el Congreso, que refleja la emoción vivida.

Felipe de Borbón es un hombre templado, culto, inteligente, esforzado, trabajador, prudente, cercano y muy preparado; una especie de continuación de sus padres. Desde muy pequeño asumió el papel de rey profesional y se formó para ello. Si su padre tuvo una infancia realmente complicada por su situación personal y la de su país, las relaciones entre Franco y su padre, don Juan de Borbón, y por las idas y venidas que estas relaciones y la evolución de la situación española provocaban en sí mismo, la vida de Felipe ha sido mucho más tranquila y ello ha contribuido a que haya podido formarse como rey incluso más que su propio padre.

La cuestión va mucho más allá de lo que significa la formación de una persona o incluso de un rey. España es un país especial, inestable. Los siglos XIX y XX fueron buen ejemplo de ello, con constantes cambios en el modelo de Estado, golpes de Estado y pronunciamientos, guerras civiles, revoluciones y todo tipo de enfrentamientos internos que, hasta el actual, han impedido un sistema democrático estable, pacífico y tan duradero como la monarquía parlamentaria de hoy en día.

Y en este país, junto a quienes desean estabilidad y consenso, más allá de sus propias convicciones personales, conviven también quienes reclaman la implantación de un sistema concreto, en este caso, la república. A nadie se le escapa que el futuro de la monarquía pasa porque el titular de la misma, el rey de turno, sepa satisfacer a los partidarios de este sistema, sin contrariar en exceso a los detractores. En ese sentido, don Juan Carlos ha sido un ejemplo, hasta el punto de casi institucionalizar la tendencia de quienes no se dicen monárquicos, pero sí ‘juancarlistas’. Desde hoy, empezaremos a ver si nuestro rey es capaz de generar ‘felipistas’.

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