Eternos alcaldes

Tomás López · Almería

050515

Me ha gustado mucho el titular de una información que leí ayer en La Voz de Almería: “El ranking de los alcaldes eternos de la provincia de Almería” rezaba el mismo y su contenido me ha parecido altamente revelador. Alcaldes almerienses que llevan entre 20 y 30 años en el cargo; o sea, que en sus pueblos no ha mandado nadie más que ellos en las tres últimas décadas. Entiendo que hace falta ser muy pero que muy imaginativo e inteligente para promover ideas nuevas para un municipio durante nada menos que seis lustros.

Y si no que se lo pregunten al amigo José Berruezo, alcalde de Armuña desde 1983. Desde que comenzó esto de la Democracia, sólo en la anterior legislatura ha gobernado alguien que no ha sido él en esta localidad almeriense. Es el caso más significativo, pero no el único. Méritos reúnen también otros cuatro, que se subieron al sillón consistorial en las siguientes elecciones, allá por 1987, y desde entonces no se han bajado de él. Se trata del alcalde de Albanchez, Francisco Martínez; el de Bacares, José Segura; y José Antonio González, regidor de Lúcar.

Ello además de Eugenio Gonzálvez, el de Gádor, que es significativo porque se trata de un pueblo de más de 3.000 habitantes, lo cual empieza a ser ya algo bastante serio. Posiblemente, en municipios de determinado tamaño, no haya mucha más alternativa que el que se repita el alcalde una y otra vez, aunque en otros como éste de Gádor, la cosa comience a parecerse bastante a una cierta grieta en lo que viene siendo un sistema democrático. Aquello de la alternancia, por supuesto, no tiene ninguna cabida; y posiblemente sea lógico, puesto que la Democracia no se fundamenta en la variedad ni en la alternancia, sino en la eficacia de gestión.

Pero dentro de los propios partidos, posiblemente sería sano, saludable, el hecho de que los políticos no se eternicen en sus cargos, sea por el riesgo de las tentaciones, sea por el peligro de creerse los dueños del cortTomás López · Almería Me ha gustado mucho el titular de una información que leí ayer en La Voz de Almería: “El ranking de los alcaldes eternos de la provincia de Almería” rezaba el mismo y su contenido me ha parecido altamente revelador. Alcaldes almerienses que llevan entre 20 y 30 años en el cargo; o sea, que en sus pueblos no ha mandado nadie más que ellos en las tres últimas décadas. Entiendo que hace falta ser muy pero que muy imaginativo e inteligente para promover ideas nuevas para un municipio durante nada menos que seis lustros. Y si no que se lo pregunten al amigo José Berruezo, alcalde de Armuña desde 1983. Desde que comenzó esto de la Democracia, sólo en la anterior legislatura ha gobernado alguien que no ha sido él en esta localidad almeriense.

Es el caso más significativo, pero no el único. Méritos reúnen también otros cuatro, que se subieron al sillón consistorial en las siguientes elecciones, allá por 1987, y desde entonces no se han bajado de él. Se trata del alcalde de Albanchez, Francisco Martínez; el de Bacares, José Segura; y José Antonio González, regidor de Lúcar. Ello además de Eugenio Gonzálvez, el de Gádor, que es significativo porque se trata de un pueblo de más de 3.000 habitantes, lo cual empieza a ser ya algo bastante serio. Posiblemente, en municipios de determinado tamaño, no haya mucha más alternativa que el que se repita el alcalde una y otra vez, aunque en otros como éste de Gádor, la cosa comience a parecerse bastante a una cierta grieta en lo que viene siendo un sistema democrático.

Aquello de la alternancia, por supuesto, no tiene ninguna cabida; y posiblemente sea lógico, puesto que la Democracia no se fundamenta en la variedad ni en la alternancia, sino en la eficacia de gestión. Pero dentro de los propios partidos, posiblemente sería sano, saludable, el hecho de que los políticos no se eternicen en sus cargos, sea por el riesgo de las tentaciones, sea por el peligro de creerse los dueños del cortijo, sea también porque la política no debiera ser una profesión, sino un servicio público.

Insisto, los alcaldes de pueblos pequeños ni siquiera pueden llegar a profesionalizarse, puesto que sus labores normalmente son altruistas; pero en municipio donde no sólo cobra el alcalde sino uno o varios concejales, lo normal es que haya rotación, no ya por justicia, sino porque la representación pública de la ciudadanía debe ser eso y no una profesión para toda la vida. ijo, sea también porque la política no debiera ser una profesión, sino un servicio público. Insisto, los alcaldes de pueblos pequeños ni siquiera pueden llegar a profesionalizarse, puesto que sus labores normalmente son altruistas; pero en municipio donde no sólo cobra el alcalde sino uno o varios concejales, lo normal es que haya rotación, no ya por justicia, sino porque la representación pública de la ciudadanía debe ser eso y no una profesión para toda la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>