Esa hija sola en su coche a 40 grados

José María Sánchez Cañabate · Almería

260617

La noticia nos ha conmocionado a todos. Se produjo el pasado jueves, aunque hasta el viernes no tuvimos noticias claras e inequívocas sobre el particular: una madre que aparca su coche en el aparcamiento de la Estación Intermodal a primera hora de la tarde, con los termómetros  besándose con la raya de los 40 grados, deja a su hija en el interior y se marcha a hacer gestiones con la abuela de la criatura.

Al rato, una pareja de transeúntes observa la escena y se percata de que la criatura sufre y llora en el interior, avisa a las fuerzas de seguridad y éstas rompen el cristal para rescatarla, teniendo que atenderla por un principio de deshidratación. Al cabo del rato, llegan la madre y la abuela y alegan que tan sólo han estado fuera diez minutos, aunque el ticket del aparcamiento atestigua que ha pasado más de una hora. La madre pasa a disposición judicial y y ahora sabemos que la custodia de la menor, de tres años de edad, ha pasado al menos temporalmente al padre.

La primera reflexión que se nos viene a la mente sobre el tema es ¿qué puede pasar por la cabeza de una madre para actuar así, para poner en riesgo de esta manera la vida de su hija? No es fácil justificar su actitud aunque se quiera, no es nada sencillo encontrar excusas por las cuales quepa en cabeza humana el conducirse de tan temeraria manera.

Uno trata de ponerse en la piel de esa madre, de justificarla, de pensar “va a ser sólo un momento” y en que algo pasó para que la cosa se alargara. O peor, de pensar “¿qué le va a pasar a la niña por estar un rato en el coche sola?”. Y la verdad es que cuantas más vueltas le damos, peor nos parece lo que ha pasado.

Es el ejemplo máximo de cómo un acto aparentemente trivial puede convertirse en el origen de un drama. Ser padre es algo muy serio. Y, la verdad, nadie nos enseña a serlo, nadie nos examina como sí se hace en otras cosas mucho menos importantes, hay que aprender sobre la marcha. No estaría de más que, antes de adentrarse en ese camino, reflexionara públicamente si está preparado, si ha llegado ese momento.

Ah, y lo último, pero no menos importante: ¿Imaginamos qué estarían diciendo las organizaciones feministas, los partidos políticos feminizantes y todos los soldados de lo políticamente correcto, si el nefasto episodio lo hubiera protagonizado, en lugar de una madre, un padre? Tomemos nota de esto también.

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