En discapacidad no se recorta

José María Sánchez Cañabate (foto Diario de Almería)  · Almería

280514

Vaya el mensaje para todas las administraciones, del color político que sean. Leemos en Diario de Almería la noticia de que la Junta de Andalucía va a recortar los incentivos económicos en los centros de empleo para personas con discapacidad, lo cual va a provocar que las asociaciones de personas con discapacidad vayan a salir a la calle a manifestarse.

Sinceramente, en Almería Al Día pensamos que los recortes eran y son algo necesario, que durante muchos años hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, con mucho subsidio innecesario, con mucho despilfarro, con mucha falta de productividad en determinados ámbitos del sector público, con muchas vacaciones, asuntos propios, bajas de dudosa justificación y con una cultura en la que parecía que el dinero lo fabricaba el estado por las noches con una máquina mágica.

Y todo eso se acabó. Y a quienes ahora están en el poder, en el Gobierno Central, en la Junta y el resto de autonomías, en las diputaciones y en los ayuntamientos, les ha tocado el penoso trabajo de poner las cosas en su sitio o incluso peor que en su sitio, porque ya no hay dinero para casi nada, ni siquiera para lo más necesario.

Sin embargo, hay cosas que no deben tocarse, cosas como la educación, como la sanidad o, por supuesto y quizás sobre todo, la ayuda social en general y a la discapacidad en general. Hablamos de educación y de sanidad pero no dentro del contexto populista y tergiversado de determinados ambientes políticos, puesto que en esos ámbitos también había y posiblemente sigue habiendo mucho que recortar. Y al mismo tiempo que recortar, mejorar, porque con menos dinero, se pueden optimizar mucho mejor los procesos y las atenciones.

Pero en la discapacidad no; con la discapacidad no se juega. Porque cada céntimo que se invierte en este ámbito, significa familias que reciben ayudas para sacar adelante a personas que no pueden valerse por sí mismas o que encuentran para ello todas las dificultades del mundo.

Quizás la solución sería invitar una semana, o un mes, a cualquier dirigente o burócrata que se esté planteando recortar la inversión en integración de personas con discapacidad, a la casa de una de estas personas; hacer que vivan con él y su familia los procesos del día a día, las dificultades, el drama de la falta de integración, de la falta de amigos, de un trabajo para poder ganarse el sustento por sí mismo.

La discapacidad no es cualquier cosa. La discapacidad es una forma de vida que requiere, sí o sí, la ayuda del estado, porque este problema está siempre junto a la puerta de cada hogar, esperando cualquier oportunidad para entrar y quedarse. Si entre todos no ponemos los medios para que en cada casa donde se haya vivido esa ‘invasión’ encuentren los instrumentos necesarios para hacerle frente, no merecemos llamar ‘sociedad’ a esto en lo que vivimos. Está en juego el apellido ‘humano’ para acompañar a la palabra ‘ser’.

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